La trayectoria financiera del sur de Gran Canaria durante los últimos quince años dibuja el paso de un modelo de volumen a uno de valor, donde la eficiencia por cliente ha batido todos los registros históricos. Los fondos de inversión quieren comprar negocios hoteleros porque son productos a largo plazo.
El cierre de la serie en 2025 confirma que el sur de Gran Canaria ha entrado en una nueva dimensión de rentabilidad. Con una media anual que ha escalado hasta los 174,7 euros —y un récord histórico registrado en el tercer trimestre de 182,3 euros—, el destino ha logrado aumentar su facturación un 45% respecto a los niveles de hace una década. Para los inversores, estas cifras validan la estrategia de priorizar la facturación sobre el volumen de llegadas; para el turista, el sur de Gran Canaria se ha consolidado definitivamente como un destino premium donde el coste de la experiencia no ha dejado de crecer desde 2011.
La propiedad de los hoteles suele estar en manos de familias radicadas en el sur de Gran Canaria. Suele existir alguien que tome la decisión. Pero los centros comerciales que están hechos un asco disponen de múltiples propietarios y eso complica el proceso. Este esquema data que cuando el turismo era un vehículo de ahorro popular con la Caja Insular de Ahorros como mecanismo de cohesión. Las familias cambian y los herederos no quieren hacer derramas. Pero por ejemplo hay centros comerciales como Faro 2 que están cochambrosos y tiene un único dueño: Lopesan.
¿Y la rentrabilidad hotelera? Entre 2011 y 2014, la isla navegó por una etapa de estabilidad plana, con un gasto diario que oscilaba tímidamente entre los 113,9 euros y los 129,7 euros, reflejando una dependencia excesiva de los mercados tradicionales europeos en plena recuperación tras la crisis financiera. Sin embargo, el primer punto de inflexión llegó en 2015, cuando el indicador saltó hasta los 135,3 euros de media anual, impulsado por una revalorización del destino y el inicio de un ciclo de inversión en la planta hotelera.
A partir de 2016, cuando los fondos comienzan las compras en masa en el sur de Gran Canaria, la métrica inició un ascenso gradual pero firme, rompiendo la barrera de los 140 euros en 2017 y manteniéndose en los 141,3 euros durante los dos ejercicios previos a la pandemia (2018 y 2019). El impacto del Covid-19 en 2020 distorsionó las estadísticas, dejando un promedio anual de 140,1 euros tras un segundo trimestre en blanco, pero sentó las bases para la agresiva recuperación posterior. En 2021, el sector comenzó a recuperar terreno con 142 euros, preparando el terreno para el "superciclo" que estallaría apenas un año después.
El bienio 2022-2023 marcó el fin de la era del bajo coste en el sur de la isla. En 2022, el gasto diario se disparó hasta los 159,1 euros, un incremento del 12% en solo doce meses, para culminar en 2023 con una media de 169,7 euros. Esta tendencia no fue un espejismo inflacionario: en 2024, la cifra consolidó su ascenso hasta los 172,3 euros, con picos trimestrales que superaron los 175,8 euros.















