El tablero hotelero europeo se prepara para un movimiento de piezas de gran calado que tiene su epicentro en las oficinas de la madrileña calle Villanueva. Azora, la gestora liderada por Fernando Gumuzio y Concha Osácar, ha activado la cuenta atrás para la liquidación de su fondo estrella, el Azora European Hotel & Lodging (AEHL). Con un horizonte de salida fijado en 2028, la firma no esperará al último minuto: este 2026 marca el inicio de una desinversión segmentada que pone bajo el foco los activos alemanes operados por Lopesan que opera con la marca IFA y se dirige en remoto en buena medida desde Maspalomas.
La operación en el mercado teutón es un caso de estudio sobre la complejidad de los activos transfronterizos. En juego están piezas clave como el IFA Fehmarn Hotel & Ferien-Centrum, activos que Azora adquirió a Lopesan en una maniobra de sale & leaseback que inyectó liquidez a la empresa grancanaria mientras esta mantenía el control operativo bajo la marca IFA. En Europa Lopesan gestiona: IFA Schöneck Hotel & Ferienpark, IFA Fehmarn Hotel & Ferien-Centrum IFA Rügen Hotel & Ferienpark, IFA Graal-Müritz Hotel, Spa & Tagungen, IFA Alpenhof Wildental Hotel IFA Alpenrose Hotel e IFA Breitach Apartments distribuidos entre Alemania y Austria.
La salida de Azora del capital introduce una variable de incertidumbre en un mercado, el alemán, donde la Ley de Constitución de Obras blinda los derechos laborales frente a nuevos propietarios durante cuatro años. Aunque Lopesan ha garantizado a los sindicatos que la gestión seguirá en sus manos a largo plazo, los trabajadores leen este movimiento como un paso previo a un posible ERE de extinción si la rentabilidad geográfica no acompaña al nuevo comprador.
Para Azora, la estrategia no es el bloque, sino la precisión quirúrgica. Con una cartera de 13.000 habitaciones repartidas entre los trofeos del sur de Europa —como el Marriott Praia d’El Rey en Portugal o el Gran Palladium Sicilia— y plataformas de volumen como el portfolio Medplaya, la gestora sabe que el apetito del mercado es dispar. Trocear el vehículo por geografías o tipología de activos no solo maximizaría el valor para sus inversores, sino que facilita la digestión de una cartera que, tras levantar 815 millones de capital en 2021, ha alcanzado una madurez envidiable en un ciclo de tipos de interés aún volátiles.
En el cuartel general de Lopesan en Las Palmas, el seguimiento de esta desinversión es absoluto. La empresa de la familia Eustasio López se encuentra en una posición delicada pero calculada: seguir operando en Alemania bajo una nueva propiedad financiera o replegar velas hacia mercados con mayores márgenes. Lo que es evidente es que el modelo de Hispania —aquella socimi que Azora vendió a Blackstone en 2018— sigue sobrevolando la estrategia de la gestora. En 2026, el mercado inmobiliario no busca solo ladrillo y sol; busca plataformas de gestión probadas y flujos de caja resilientes, exactamente lo que Azora y Lopesan han construido en las gélidas costas del Báltico.















