La numantina residencia de la aristocracia terrateniente en el sur de Gran Canaria ha quedado sellada en las oficinas de la Agencia Tributaria. Los Del Castillo y Bravo de Laguna, herederos del Condado de la Vega Grande y arquitectos del desarrollo turístico de Maspalomas, han recurrido a una dación en pago de activos artísticos para liquidar sus obligaciones fiscales, según informó este martes El País. La entrega de una docena de obras maestras, incluyendo lienzos de Murillo y Luca Giordano, para saldar el impuesto de sucesiones, es el síntoma definitivo de una asfixia patrimonial que combina la parálisis regulatoria con la urgencia de la transición energética.
Acumularon tierras en el sur de Gran Canaria por la decisión de un rey soberano desde Madrid y ahora siglos después se lo expropian para que venga un fondo soberano árabe a colocar turbinas y placas solares con alguna mercantil ubicada en Las Palmas. Es el drama para la familia que una vez ostentó el control casi absoluto del suelo en el sur de la isla, la ecuación financiera se ha vuelto insostenible. La inmovilidad de las normas urbanísticas en San Bartolomé de Tirajana ha transformado vastas extensiones de terreno en activos ilíquidos; suelo con potencial turístico pero sin licencia para ser desarrollado. Este bloqueo institucional ha erosionado la capacidad de generación de caja de la casa noble, obligándola a desprenderse de su pinacoteca privada para proteger la estructura matriz de sus propiedades.
Sin embargo, el factor que más ha mermado la fuerza de los herederos del Conde no es la burocracia, sino el interés general. El avance de las energías renovables ha convertido sus terrenos en el objetivo prioritario del Estado y el Gobierno regional. Bajo la premisa de la utilidad pública, la instalación de parques fotovoltaicos y eólicos está "devorando" el suelo de la familia, desplazando sus planes de expansión por proyectos de infraestructuras energéticas que escapan a su control tradicional.
Esta transición del ladrillo y el turismo hacia la energía limpia está reconfigurando el equilibrio de poder en Gran Canaria. Los del Castillo y Bravo de Laguna, que durante décadas dictaron el ritmo del crecimiento en el Sur, ven ahora cómo su influencia se diluye en favor de las grandes eléctricas. El hecho de que la familia más poderosa del archipiélago pague sus deudas con arte barroco no es solo una curiosidad fiscal; es el acta de defunción de un modelo de tenencia de suelo que ha sucumbido ante la nueva jerarquía de la soberanía energética.















