La solidaridad canaria ha vuelto a cruzar el Atlántico para transformar la realidad de una de las zonas más vulnerables de África Occidental. En la comunidad rural de Sangué, un municipio ubicado en la región de Thiès, a unos 80 kilómetros de la capital senegalesa, más de 360 niños han comenzado a ejercer su derecho fundamental a la educación gracias a un aliado inesperado: un transporte donado desde Gran Canaria.
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Este pequeño autobús, que ha sorteado los desafíos logísticos entre el archipiélago y el continente, es el resultado de una alianza estratégica entre la Consejería de Solidaridad Internacional del Cabildo de Gran Canaria y el Rotary Club de Maspalomas. El vehículo ha sido destinado específicamente al colegio Mère Paule Lapique, una institución que lucha por escolarizar a menores en un entorno donde el acceso a las aulas no siempre está garantizado debido a las enormes distancias y a la precariedad de las comunicaciones.
La pieza clave en esta operación de ayuda humanitaria ha sido la mediación del coronel del Ejército del Aire y del Espacio, J. Álvaro M.-Villalobos C. Él militar, que actualmente ejerce como jefe del Centro Espacial del INTA en Canarias, ha sido el puente necesario para coordinar el traslado y la entrega del vehículo. Su labor subraya la importancia de la diplomacia humanitaria y la colaboración entre instituciones civiles y militares para que la ayuda llegue, literalmente, hasta la última milla en zonas de difícil acceso.
Para los menores de Sangué, esta guagua no es solo un medio de transporte; es una herramienta de equidad social. En una región donde muchos niños se ven obligados a abandonar los estudios por la imposibilidad de llegar a los centros educativos, este vehículo garantiza que la educación deje de ser un privilegio de pocos para convertirse en una realidad cotidiana. La cooperación canaria desde Maspalomas sigue siendo un motor de cambio en el país vecino.















