¿Pero sin las Dunas de Maspalomas se mueven como la propia vida cómo va a tener la Administración algo así a su nombre ahí? Truco: La ha puesto "sin número" de calle. La realidad es siempre más extraña que la ficción. En el inventario de bienes inmuebles de la Comunidad Autónoma, la sensación de estar ante un cementerio de intenciones se vuelve insoportable. No estamos solo ante edificios; estamos ante la contabilidad de lo absurdo.
La Comunidad Autónoma tiene a su nombre en el sur de Gran Canaria bajo la tutela de la Agencia Canaria de Protección del Medio Natural (APMU) un espacio con la siguiente dirección es "Vía pública: Las Dunas; Número: S.N.". Lo absurdo: Clasificar una duna como suelo en un inventario de activos fijos es una contradicción biológica. Un activo fijo es, por definición, algo que permanece. La duna es la negación de la permanencia. Es el Estado intentando ejercer un derecho de propiedad sobre el viento y el silicio, una soberanía de papel sobre un ecosistema que escupe cualquier intento de catastro.
El documento al que ha tenido acceso Maspalomas24H comienza con una bofetada metafísica: la 'Parcela sobre las Dunas de Maspalomas'. En un alarde de optimismo antropológico, la Agencia de Protección del Medio Natural ha decidido que una montaña de arena móvil, un ente que por definición desprecia la propiedad, tiene un ID de activo fijo: 1100000. Es la burocracia intentando ponerle un collar a una tormenta, registrando el desierto como quien anota una oficina en la calle Franchy Roca en Las Palmas.
En Santa Lucía de Tirajana, en la Avenida de Canarias 338, el Servicio de Recaudación (activo 1100012) funciona como el peaje emocional antes de llegar a las zonas de ocio. Es el lugar donde la renta se transforma en estadística. Y lo de las Dunas de Maspalomas es la propiedad más poética: un suelo que no tiene número, que no tiene vallas y que se ríe de la Agencia Canaria de Protección del Medio Natural cada vez que el viento cambia de dirección.
La Agencia Canaria de Protección del Medio Natural (APMU) es la gran coleccionista de lo innombrable. En las zonas de transición hacia la cumbre, aparecen registros que simplemente se definen como "parcela" o "solar" con el fatídico "S.N.". En municipios como Valsequillo o San Mateo, el Estado mantiene la propiedad de trozos de monte bajo una numeración de activo fijo que nadie sabe muy bien qué delimitan. Son activos que no producen rentas, que no albergan oficinas, pero que sirven para que el balance contable de la Comunidad Autónoma no parezca tan vacío como sus promesas de reforestación.
En el interior de Tirajana, sur de Gran Canaria, aparecen "solares" asociados a la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias que nunca llegaron a ser colegios. Son activos fijos con IDs antiguos que reflejan una explosión demográfica que nunca ocurrió en el campo. Solares "S.N." que hoy son aparcamientos improvisados o solares llenos de tuneras, pero que la Dirección General de Patrimonio siguen brillando como "suelos urbanos" listos para una inversión que nunca nadie hará por el descenso de la población.
Incluso en el Servicio Canario de la Salud (SCS) posee pequeñas propiedades en las medianías del sur de Gran Canara que se registran como "consultorios locales" en calles que el catastro apenas reconoce. Son los activos de la resistencia: una puerta de aluminio, una placa de la Junta de Canarias de los años 80.














