El sector turístico de San Bartolomé de Tirajana y Mogán ha despertado bajo una doble amenaza que redefine su estabilidad económica para este 2026. Por un lado, la decisión del presidente Donald Trump de decretar un embargo comercial total contra España —como represalia por la negativa del Gobierno a permitir el uso de las bases de Rota y Morón en ataques contra Irán— coloca a Canarias en una posición de extrema vulnerabilidad. Por otro, el gigante Blackstone ha elegido este preciso momento de tensión geopolítica para acelerar la escisión de su joya de la corona: la plataforma hotelera HIP que tiene en el sur de Gran Canaria sus activos más rentables en España. Blackstone también es socia de Aedas Home y Holliday World.
La amenaza de Trump de "cortar todo comercio" con España no es una advertencia menor para el sur de Gran Canaria. El mercado estadounidense, aunque secundario en volumen de visitantes respecto al británico o alemán, es vital en términos de inversión de capital y suministro tecnológico para la industria alojativa. La orden dada al secretario del Tesoro, Scott Bessent, para "cortar todos los tratos" podría paralizar de inmediato las líneas de financiación y las operaciones de fondos de inversión norteamericanos que sostienen la renovación de la planta hotelera en zonas como Meloneras o Playa del Inglés.
En medio de este terremoto diplomático, Blackstone y el fondo soberano de Singapur (GIC) maniobran para ejecutar un carve out (segregación) de Hotel Investment Partners (HIP). El objetivo es agrupar los activos canarios —considerados los más rentables y resilientes de su cartera de 22.000 habitaciones— en una nueva sociedad independiente. Esta maniobra busca facilitar una venta por partes o una salida a bolsa, esquivando la parálisis que el encarecimiento del dinero y ahora el embargo de Trump podrían imponer a una venta del bloque completo.
En el sur de Gran Canaria, esta estrategia es un arma de doble filo. La creación en 2024 de una división específica para los hoteles del Archipiélago confirma el valor estratégico de establecimientos que recientemente han recibido inversiones millonarias de HIP para su reforma. Sin embargo, la incertidumbre sobre quién será el comprador final en un contexto de hostilidad comercial con EE. UU. genera dudas razonables. Si Washington endurece las sanciones bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, la capacidad de Blackstone —una firma neoyorquina— para gestionar o traspasar sus activos en España podría verse seriamente comprometida por su propio gobierno.
La retórica de Trump, endurecida tras su encuentro con el canciller alemán Friedrich Merz, deja claro que España ha pasado a ser un "pueblo terrible" a ojos de la Casa Blanca por su política de defensa y el incumplimiento del gasto del 5% del PIB en la OTAN. Esta desconexión diplomática impacta directamente en la confianza del inversor internacional. En el sur de la isla, el temor es que los hoteles de HIP, en lugar de protagonizar una salida a bolsa exitosa, queden atrapados en un limbo legal si las sanciones impiden el flujo de capitales entre Madrid y Nueva York.
La jornada cierra con la vista puesta en el Departamento de Comercio de EE. UU. y en los despachos de Blackstone. El sur de Gran Canaria, que ha demostrado una capacidad de recuperación récord en el empleo este año, se enfrenta ahora a un escenario inédito: ser el rehén económico de una disputa militar en la que sus bases logísticas y su principal propietario hotelero están en bandos opuestos. La "seguridad nacional y económica" que invoca el equipo de Trump podría acabar siendo el principal lastre para la mayor operación inmobiliaria de la década en Canarias.














