¿Cómo puede un negocio que genera un margen del 40% admitir un inmovilizado intangible con un valor de apenas 253 euros? Así son los negocios de la gente de Las Palmas que se pone a 'comunear' en Maspalomas. Y es que en el exclusivo enclave donde las dunas de Maspalomas dictan el ritmo de la fortuna, la Comunidad de Explotación Santa Mónica Suites Hotel, que en mayo cumple 50 años, ha presentado un balance al cierre de 2024 que, bajo la lupa del análisis financiero rigorista, dibuja un cuadro de rentabilidad asombrosa pero operativamente heterodoxo. Es una presunta máquina diseñada para el presunto vaciado sistemático.
A primera vista, los números de la 'Comunidad' —una estructura jurídica que el propio informe admite que carece de un marco normativo financiero claro— son envidiables para cualquier operador de uno de los tantas socimis que andan sueltas en el sur de la isla. Con una cifra de negocios de 14,28 millones de euros y un beneficio neto de 5,87 millones, el establecimiento arroja un margen neto superior al 40%. Sin embargo, detrás de la fachada de este 'Suites Hotel', el balance revela una arquitectura contable que roza lo patético en términos de ortodoxia corporativa.
El balance de Santa Mónica no es el de una empresa hotelera convencional, sino el de una compleja red de créditos cruzados que harían palidecer a un auditor de cuentas de Wall Street. La entidad mantiene préstamos y deudas con su propia matriz, Inversiones Santa Mónica, S.L., y con los propios comuneros, creando un ecosistema de "autofinanciación" donde el dinero parece entrar y salir de los mismos bolsillos.
A 31 de diciembre de 2024, la Comunidad registra créditos a largo plazo con Inversiones Santa Mónica por valor de 733.240 euros, mientras que, simultáneamente, mantiene deudas con los comuneros por 647.772 euros. Es un juego de suma cero donde la liquidez real se difumina entre pagarés internos y fianzas por alquileres de locales comerciales (45.000 euros) pagados a la misma empresa del grupo.
El activo no corriente está dominado por un inmovilizado material de 6,07 millones de euros, un valor que el informe justifica mediante una pirueta contable: registrar las obras de 2015 y 2016 como un activo propio "atendiendo al fondo económico y no a la forma jurídica". En términos financieros, esto significa que la Comunidad ha activado casi 9,5 millones de euros en reformas sobre una propiedad que, legalmente, pertenece a los comuneros individuales, no a la entidad de explotación.
La realidad de este balance se observa en la partida de inmovilizado intangible: apenas 253 euros. En un sector donde la marca y las aplicaciones informáticas son el corazón del negocio, Santa Mónica ha dejado morir sus activos digitales y de marca, que están prácticamente amortizados en su totalidad, operando con un valor contable residual que ignora el valor de mercado del nombre Santa Mónica Suites.
La gestión del pasivo también refleja una preocupante persistencia en el error judicial. La Comunidad mantiene una fianza de 40.322 euros retenida a la constructora Pérez Moreno tras un litigio que ha resultado en un desastre jurídico para el hotel. Tras demandar a la constructora por 1,75 millones de euros, la Comunidad no solo perdió, sino que fue condenada a pagar 173.199 euros más intereses. El balance de 2024 sigue arrastrando las secuelas de este "incumplimiento contractual" fallido, con escritos de rectificación pendientes que subrayan una gestión de conflictos, cuanto menos, ineficiente.
El Santa Mónica Suites Hotel es una máquina de generar efectivo —el efectivo y equivalentes subió a 2,81 millones de euros en 2024—, pero es una máquina diseñada para el vaciado sistemático. Con entregas a cuenta a los propietarios que ya suman 2,73 millones de euros, la entidad funciona más como un vehículo de reparto de dividendos apresurado que como una sociedad hotelera que reinvierte en su futuro. Cumple medio siglo en Maspalomas pero sin gente de Maspalomas. Santa Mónica es el paradigma del éxito turístico canario: ingresos récord y ocupación plena, sostenidos sobre un balance que es un rompecabezas de deudas internas, activos legalmente cuestionables y una desatención absoluta a los activos intangibles. Es un negocio brillante en la superficie, pero financieramente arcaico en su estructura.















