El Mando de Canarias no se limita a observar el horizonte atlántico desde sus despachos; la mejor forma de marcar territorio es pisarlo. Bajo el paraguas de las denominadas Operaciones Permanentes, el Ejército de Tierra ha iniciado una ofensiva de "presencia y vigilancia" que, más allá del lenguaje castrense, supone un despliegue de fuerza y relaciones públicas en la frontera sur de Europa. El mensaje de Madrid es claro: la soberanía nacional no es negociable, ni siquiera en las remotas medianías del sur de Gran Canaria.
El Regimiento de Infantería “Canarias” 50 ha tomado las riendas en Gran Canaria, movilizando a su personal hacia las estratégicas zonas de medianías del sur de la isla. No se trata de un simple ejercicio de orientación; es una maniobra de proyección de fuerza en un terreno que, por su orografía y realidad social, requiere una vigilancia constante. El objetivo declarado es la disuasión, pero el objetivo implícito es el control absoluto de los espacios terrestres en un archipiélago que se siente, cada vez más, como el tablero principal de la seguridad en el Atlántico.
Sin embargo, el Ejército sabe que las bayonetas no son suficientes si no cuentan con el favor de los civiles. Por ello, la estrategia del teniente general Julio Salom Herrera combina el despliegue táctico con una campaña de "corazones y mentes". Mientras el RI 50 patrulla las cumbres de Gran Canaria, otros regimientos como el RI 49 en Lanzarote o el RI 9 en Fuerteventura se dedican a izar banderas en colegios y visitar centros de mayores. Es una maniobra clásica de integración: normalizar la presencia militar en la vida cotidiana para fortalecer el vínculo con una ciudadanía que a veces percibe a Madrid como algo lejano.
"Estas misiones subrayan el compromiso de las FAS con la defensa integral del territorio y su capacidad para anticiparse a cualquier eventualidad que pudiera comprometer la estabilidad", señalan fuentes oficiales. La batuta de esta orquesta militar la lleva Salom Herrera, quien desde su puesto como Comandante del Mando Operativo Terrestre (CMOT), gestiona un mapa de seguridad que se extiende desde Canarias hasta las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla, pasando por Baleares. Esta coordinación centralizada sugiere que el despliegue en las islas no es un evento aislado, sino una pieza en un engranaje de Seguridad Nacional mucho más amplio. En un contexto geopolítico donde la estabilidad del Magreb y las rutas atlánticas están bajo la lupa, el Grupo Táctico Canarias se posiciona como el vigilante permanente de la última frontera de la Unión Europea.
















