La solvencia con la que Gran Canaria ha sorteado el embate de la borrasca Therese no es fruto del azar, sino del alto nivel de preparación de una sociedad que ha hecho de la prevención su mejor escudo. En esta crisis, la educación de los grancanarios, como se ha podido comprobar en las redes sociales, y el rigor de los ingenieros de emergencias grancanarios han sido el cerebro de una operación de resistencia que ha funcionado con precisión quirúrgica, diseñando protocolos de drenaje y seguridad que evitaron el colapso del Sur. Claro que hubo errores pero todo el mundo se cuidó de ayudar y dejar la cadena de reproches de ocurrencias en medio del peligro de unos seres humanos (lo eran), por ejemplo, bajando por barrancos llenos de agua en canoa.
El éxito de Gran Canaria frente a la histórica Therese no reside solo en los muros de contención o en los sofisticados modelos de cálculo de sus ingenieros, sino en la impecable alianza entre la ciencia de sus expertos y la serenidad de un pueblo educado que sabe cuidar de lo suyo. Es la victoria de una isla que, cuando el cielo se oscurece, responde con la luz de su conocimiento y la firmeza de sus instituciones para que, al salir el sol, el Sur de Gran Canaria siga siendo ese refugio seguro que el mundo tanto admira
Junto a ellos, el papel del Ejército de Tierra con el Mando de Canarias, la UME, Guardia Civil, Policía Nacional, Protección Civil, y los cuerpos de Seguridad Locales y Policía Canaria de intervención ha sido determinante, no solo por su capacidad logística para desplegarse en puntos críticos de la orografía insular, sino por representar esa disciplina y vocación de servicio que garantiza que, mientras la tormenta arrecia, las infraestructuras vitales y la protección de los ciudadanos permanezcan intactas.
Esta disparidad en las precipitaciones responde a la fragmentación del relieve insular y a la dificultad de los modelos predictivos para fijar el núcleo de la borrasca. La Aemet reconoce que el posicionamiento del centro de Therese, desplazado apenas 50 kilómetros al este o al oeste, determina que el impacto sea devastador o prácticamente nulo en las zonas de costa. En el caso de Gran Canaria, la incertidumbre obligó a emitir avisos con muy poca antelación debido a la "inconsistencia entre modelos", una situación que mantuvo en vilo a los gestores hoteleros y de servicios del sur, quienes miraban de reojo la evolución de los barrancos ante la posibilidad de que se repitieran las imágenes de "ríos" improvisados que sí se vieron en otros puntos del archipiélago.
La primera fase de Therese estuvo marcada por frentes de viento y oleaje muy definidos que afectaron a las playas de Maspalomas y Playa del Inglés, pero fue a partir del fin de semana cuando el sistema se volvió impredecible. La llegada del núcleo de la borrasca introdujo una dinámica de tormentas con aparato eléctrico que, aunque se cebó con especial dureza en el norte de Tenerife —con registros torrenciales de 60 litros en una hora en estaciones como Tacoronte—, en el sur de Gran Canaria se tradujo en una nubosidad persistente y episodios de lluvia moderada que obligaron a vaciar las hamacas y las aulas de forma preventiva.
Con la borrasca lanzando sus últimos coletazos antes de la esperada llegada del anticiclón, el balance en el sur de la isla es de alivio frente a la magnitud de los datos registrados en el resto de la provincia. La capacidad de los servicios meteorológicos para dominar la situación con avisos naranja con 72 horas de antelación permitió una planificación mínima, aunque el comportamiento final de Therese ha recordado la vulnerabilidad de un territorio donde la distancia entre la normalidad y la catástrofe se mide en unos pocos kilómetros de orografía. La despedida de esta borrasca deja paso ahora a la recuperación del sol, elemento esencial para reactivar la actividad comercial en el cierre de este accidentado mes de marzo de 2026.














