El fenómeno visual de las aguas turbias y las olas marrones que azota actualmente el litoral de Mogán y Arguineguín es el resultado directo del despertar geológico del Barranco de Arguineguín tras el paso de la borrasca Therese. Este cauce, que ha permanecido prácticamente inactivo durante tres décadas, ha vuelto a canalizar con una fuerza inusitada las precipitaciones caídas en las cumbres de Soria y Cercado de Espino. Al descender con violencia hacia el océano, el agua arrastra toneladas de sedimentos, arcillas y detritos acumulados durante años de sequía, creando una densa corriente de lodo que, al desembocar entre El Pajar y Arguineguín, tiñe el Atlántico con una impactante mancha ocre que contrasta con el azul habitual de la costa sur de Gran Canaria.














