Pedro Ortega ha decidido inaugurar una nueva categoría de liderazgo en la Confederación Canaria de Empresarios (CCE): la del presidente que no recuerda su propio rastro en el Boletín Oficial de Canarias. En declaraciones a Canarias7 este Martes Santo, Ortega ha intentado un equilibrismo casi imposible al asegurar que él no es "político", una afirmación que choca frontalmente con la realidad de las hemerotecas. Entre 2015 y 2019, Ortega no solo fue un cargo público, sino que se sentó cada semana en la mesa del Consejo de Gobierno como Consejero de Economía, Industria, Comercio y Conocimiento bajo las siglas de Coalición Canaria y la presidencia de Fernando Clavijo.
Para los empresarios del sur de la isla, que sufren la parálisis de licencias y la falta de infraestructuras, este desdoblamiento de personalidad resulta difícil de digerir. Ortega intenta vender una imagen de "eficacia privada" frente a "incompetencia pública", olvidando que él mismo fue parte del núcleo duro de esa administración durante una legislatura completa. Su actual cruzada contra el "titular político" frente a la "solución real" es, en esencia, una crítica a su propio legado, un ejercicio de cinismo institucional que intenta borrar cuatro años de ejercicio de poder político para presentarse como el salvador de una clase empresarial que él mismo, desde el Gobierno, no supo o no quiso desburocratizar.
Resulta, cuanto menos, paradójico que quien hoy clama contra el "exceso de burocracia" y la "norma sobre norma" fuera el máximo responsable de la política industrial y comercial de las islas durante cuatro años con la renovación del AIEM que tanto daño genera al turismo del sur de Gran Canaria. Su queja sobre cómo la administración "bloquea" proyectos en el sur de Gran Canaria o ignora la deflactación del IRPF para no asfixiar los salarios, parece dirigida a un espejo. Ortega critica hoy un sistema del que fue arquitecto y ejecutor, utilizando un tono de "gestor externo" que ignora que muchas de las trabas administrativas que ahora denuncia como presidente de la patronal nacieron o se consolidaron bajo su propia firma en el coche oficial.
La crítica de Ortega hacia la "trampa al solitario" de subir salarios sin ligarlos a la productividad es legítima desde el punto de vista empresarial, pero pierde fuerza cuando se analiza su pasado. Si la productividad de Canarias ha seguido cayendo mientras el sector público se inflaba, la pregunta es obligatoria: ¿Qué hizo el Ortega consejero para revertir esa tendencia que hoy el Ortega patronal califica de fracaso? Al culpar ahora a los ayuntamientos y a la "sociedad" del bloqueo de viviendas e inversiones, el líder de la CCE parece buscar una amnistía política para su gestión previa, presentándose como un técnico que simplemente "pasaba por allí" para gestionar y no para hacer política.















