Mientras Tenerife celebra la consolidación de un puente aéreo directo con Norteamérica, el sector turístico del sur de Gran Canaria observa con una mezcla de indiferencia y cautela el movimiento estratégico de Air Canada. Nada se sabe de si en Gran Canaria el negocio de Maspalomas se verá beneficiado de nueva conectividad con Norteamérica. Y es que la aerolínea de bandera canadiense ha confirmado que operará rutas sin escalas desde Toronto y Montreal hacia el aeropuerto de Tenerife Sur a partir del próximo mes de octubre. Esta conexión, que se mantendrá durante toda la temporada de invierno hasta abril de 2026, posiciona a la isla vecina como el nodo principal para captar el flujo de viajeros de alto valor procedentes de Canadá y Estados Unidos, mercados que Gran Canaria todavía no ha logrado atraer de forma masiva y directa.
La operativa se ejecutará con el nuevo Airbus A321XLR, una aeronave de pasillo único y largo alcance configurada con 182 asientos, incluyendo 14 plazas en su exclusiva Signature Class. Con tres frecuencias semanales —dos desde Toronto y una desde Montreal—, el Cabildo de Tenerife busca capitalizar un mercado que ya mostró señales de robustez en 2025, cuando la isla recibió a 38.119 pasajeros norteamericanos. El crecimiento en el segmento canadiense es especialmente notable, pasando de apenas 3.331 viajeros en 2019 a más de 8.000 el año pasado, lo que subraya una tendencia al alza que los hoteleros del sur de Gran Canaria siguen viendo como una oportunidad lejana frente a su dependencia histórica de los mercados europeos.
El despliegue de Air Canada no solo responde a una demanda vacacional, sino que pretende erigir a Tenerife como un hub logístico para sectores estratégicos como la industria audiovisual, el turismo corporativo y los itinerarios de cruceros combinados. Mark Galardo, vicepresidente ejecutivo de la aerolínea, ha señalado que esta ruta refuerza la red global de la compañía desde el continente americano, facilitando el tránsito de perfiles con vínculos profesionales y académicos. Esta diversificación del perfil del visitante es precisamente el objetivo que las autoridades turísticas tinerfeñas persiguen para reposicionar su destino en una escala de gasto superior.
En el sur de Gran Canaria, el foco se mantiene en la optimización de los mercados emisores tradicionales como el Reino Unido y Alemania, mientras Tenerife absorbe el crecimiento de ciudades emisoras clave como Nueva York, Miami, Chicago y San Francisco. Las cifras de 2025 revelan que el volumen de pasajeros estadounidenses en la isla vecina casi se ha duplicado respecto a los niveles prepandemia, alcanzando los 30.093 viajeros. Mientras una isla construye su conectividad transatlántica de la mano de Star Alliance, la otra confía en su sólida percepción de seguridad y clima para retener su cuota de mercado en el continente europeo, en un escenario donde la conectividad directa empieza a marcar la diferencia en la captación de nuevos capitales turísticos.















