El flujo de combustibles en Gran Canaria dibuja una geografía de poder donde el Sur, con el área de Tirajana y el entorno de Maspalomas como referentes, mantiene su pulso energético frente a la competencia interinsular. Los datos de almacenamiento reflejan que la isla maneja un volumen de 28.632 unidades de queroseno a través del nodo de Las Palmas, una cifra que, aunque menor que la de Tenerife, sostiene la operativa de una de las zonas turísticas más transitadas de Europa. Este combustible, vital para los cielos del Sur, se integra en un complejo sistema que prioriza los gasóleos y fuelóleos para alimentar la maquinaria industrial y portuaria.
La estrategia de almacenamiento en Gran Canaria demuestra una especialización clara hacia los combustibles pesados, acumulando 74.695 unidades de fuelóleos, la cifra más alta del archipiélago en este segmento. Mientras que Tenerife lidera en el suministro directo de aviación (querosenos), Gran Canaria ha blindado su posición como el gigante de las reservas logísticas y el suministro naval. Esta distribución asegura que el motor económico del Sur no solo dependa de la conectividad aérea, sino de una infraestructura de gasóleos —con 43.726 unidades— que garantiza el funcionamiento terrestre y de servicios en toda la comarca de San Bartolomé de Tirajana.
La comparativa entre provincias evidencia que Gran Canaria apuesta por una diversificación más robusta. Frente al modelo de Santa Cruz de Tenerife, más volcado en el queroseno para aviación, el modelo grancanario equilibra la balanza hacia la potencia industrial. El balance de 141.732 unidades totales en sus infraestructuras clave posiciona al puerto y sus extensiones logísticas del Sur como un enclave de seguridad energética. El queroseno sigue siendo la savia que permite al turismo de Maspalomas seguir volando, pero son los fuelóleos y gasóleos los que mantienen la estructura de una isla que se niega a depender de un solo tipo de energía.
La estabilidad del sector turístico en Gran Canaria y el resto del archipiélago se enfrenta a un nuevo factor de incertidumbre internacional por la prolongación del conflicto bélico en Irán. El vicepresidente primero y ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ha enfriado las alarmas de un desabastecimiento inmediato de combustible para la aviación, descartando una caída del turismo a corto plazo. No obstante, el Ejecutivo advierte que la disponibilidad de queroseno se convertirá en una preocupación crítica a medio y largo plazo si las hostilidades en Oriente Medio no cesan, lo que obligaría a reevaluar las rutas de suministro globales.
España cuenta con una posición de ventaja competitiva frente a otros países europeos debido a su menor dependencia de las importaciones de productos terminados. La robusta infraestructura de refino nacional permite transformar el crudo directamente en territorio español, lo que garantiza una mayor autonomía en la producción de queroseno para los aeropuertos del Sur de Gran Canaria. Esta visión de resistencia es compartida por el sector de la aviación, que ve en la capacidad industrial interna un paraguas frente a la volatilidad de los mercados energéticos exteriores.
A pesar de este blindaje técnico, el Gobierno subraya que el aislamiento total de los efectos de la guerra es imposible en un mercado tan globalizado como el aéreo. El ministro ha advertido sobre los "canales de transmisión" que podrían golpear de forma indirecta a través de restricciones en compañías internacionales que operan fuera de España. Si la logística internacional del combustible se resiente, las aerolíneas extranjeras que conectan Europa con el archipiélago podrían sufrir limitaciones operativas, afectando el flujo de visitantes hacia las zonas turísticas de Maspalomas y San Bartolomé de Tirajana.
La situación actual obliga a las autoridades y a los gestores energéticos de la isla a monitorizar estrechamente las reservas estratégicas, que en el nodo de Las Palmas alcanzan las 28.632 unidades de queroseno. Aunque España importe menos combustible procesado, el encarecimiento de la materia prima y las posibles rupturas en las cadenas de suministro globales mantienen el nivel de alerta. La capacidad de las refinerías nacionales se presenta hoy como la última frontera de defensa para asegurar que la conectividad del principal motor económico de Canarias no se vea comprometida por el tablero geopolítico iraní.
















