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Muere Nicolás Villalobos de Paiz, arquitecto discreto del poder turístico en Maspalomas

Gara Hernández - M24h Domingo, 03 de Mayo de 2026

 

En la geografía moral del sur de Gran Canaria, donde el poder rara vez se proclama y casi siempre se administra en voz baja, Nicolás Villalobos de Paiz ocupó durante décadas un lugar preciso. Abogado, economista, gestor de empresas turísticas, dirigente político sin estridencias. Ha fallecido en Las Palmas a los 80 años. Deja una huella sin épica visible, pero con resultados medibles.

 

Nacido en Lanzarote en 1945, se formó en la Universidad de Barcelona y completó su educación en ICADE, en Madrid. Dos itinerarios que marcaron su perfil: rigor jurídico, comprensión económica, distancia analítica. No fue un ideólogo. Fue un operador.

Su primera etapa transcurrió lejos del archipiélago. Banca en España y Argentina. Años de aprendizaje técnico, sin foco mediático. Regresó en 1982 a Gran Canaria, cuando el turismo comenzaba a consolidarse como columna vertebral de la economía insular. Ahí encontró su espacio natural.

 

Ejerció la abogacía. Se integró en estructuras empresariales. Alcanzó posiciones ejecutivas en compañías turísticas que necesitaban algo más que intuición: orden, financiación, disciplina.

No fundó imperios. Los estabilizó. Participó en la consolidación de marcas que hoy operan con normalidad en mercados exigentes. Su aportación no fue visible en folletos ni campañas. Se situó en la retaguardia, donde se decide la viabilidad de un modelo.

 

La política llegó en paralelo. En 1981 se afilió al Partido Demócrata Popular, formación impulsada por Óscar Alzaga. Fue elegido concejal en el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria en 1983. Transición, ajuste institucional, aprendizaje de la administración local. En 1989 se incorporó al Partido Popular. Consejero en el Cabildo de Gran Canaria. Presidente insular del partido en 1992. Diputado en el Congreso de los Diputados en 1993.

 

No destacó por discursos memorables. Tampoco los necesitó. Su influencia operó en la negociación, en el encaje de intereses, en la construcción de consensos discretos en un territorio fragmentado. Representó una forma de hacer política previa a la aceleración contemporánea: lenta, acumulativa, con vocación de permanencia.

 

Quienes trabajaron con él coinciden en una misma idea: corrección. Un término hoy devaluado. En su caso, implicaba método. Puntualidad, precisión, respeto jerárquico. Un estilo que encajaba mejor en despachos que en tribunas.

Su trayectoria permite leer una parte de la historia reciente de Canarias. El tránsito desde una economía en transformación hacia un sistema turístico maduro. La profesionalización de la gestión empresarial. La consolidación de partidos de ámbito nacional en el archipiélago. Villalobos no lideró esos procesos. Los sostuvo.

 

Le sobrevive una familia vinculada al sector turístico, entre ellos su hijo Nicolás Villalobos Mestres, directivo en la industria hotelera en Cordial Hotels. La capilla ardiente ha quedado instalada en el tanatorio Albia San Miguel, en Las Palmas de Gran Canaria.

 

En tiempos de visibilidad constante, su figura remite a otra lógica. La del trabajo sin relato. La del poder sin exhibición. La de quienes, sin ocupar el centro, permiten que el sistema funcione. Desaparece uno de los últimos representantes de esa escuela.

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