Martes, 05 de Mayo de 2026
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SURESTEEl sureste de Gran Canaria celebra el cadáver de Siemens Gamesa: el incendio en Arinaga tumba el negocio eólico de Las Palmas

El sureste de Gran Canaria celebra el cadáver de Siemens Gamesa: el incendio en Arinaga tumba el negocio eólico de Las Palmas

Gara Hernández - M24h Martes, 05 de Mayo de 2026

 

"Son gente del puerto de Las Palmas que quiere llenarnos de turbinas la costa cuando aquí se vive del turismo y le dicen al turista que el pescado es de kilómetro cero, que se aclaren, ventiladores o soberanía alimentaria". Así se expresaba a Maspalomas24H este lunes un pescador de Castillo del Romeral al saberse que la megaturbina del puerto de Arinaga ya es historia y que esto implica que el banco de pruebas del sur de la isla que se vendió en 2015 ha sido un fracaso.

 

El sector de la pesca artesanal y el tejido turístico independiente del sur de Gran Canaria que no depende del dinero de Las Palmas observan con un alivio apenas disimulado las cenizas del aerogenerador Gamesa G128-5.0MW en el puerto de Arinaga. Para los pescadores, que durante años han mantenido una resistencia firme contra la expansión de la eólica marina en sus caladeros tradicionales, la destrucción de esta mole de 160 metros de altura no es una tragedia, sino la validación de sus peores temores sobre la seguridad de estas megaestructuras. La imagen del rotor calcinado, una estructura diseñada para barrer más de 12.000 metros cuadrados de superficie, simboliza ahora el colapso de un modelo de industrialización forzada que los vecinos perciben como una herramienta de especulación financiera controlada desde los despachos de Las Palmas.

El siniestro representa el fin de una inversión que alcanzó los 15 millones de euros entre capital público y privado, dejando un esqueleto de chatarra donde antes se proyectaba el futuro de la energía offshore en España. Este gigante de 5.000 kW de potencia nominal, que en 2013 presumía de batir récords de generación eléctrica para abastecer a más de 10.000 hogares en un mes, ha sucumbido a un incendio catastrófico dentro de su propia zona de seguridad. La caída de este activo estratégico golpea directamente la estructura de la sociedad Megaturbinas de Arinaga, participada por la Fundación Puertos de Las Palmas, que ya enfrentaba un escenario de vulnerabilidad con deterioros financieros por impagos superiores a los 95.000 euros al cierre del ejercicio 2024.

Para los pescadores artesanales, el fin del "molino de los 15 millones" supone un respiro ante la presión de los industriales que buscan colonizar el litoral sur con parques eólicos de gran escala. El colectivo vecinal y el sector turístico local sostienen que el sur de la isla vive del paisaje y del mar, actividades que chocan frontalmente con el negocio de vertido a la red que defendían los promotores de Arinaga bajo el paraguas del expediente ER12/0018. La desaparición de la turbina anula los privilegios de explotación y las exenciones de potencia que disfrutaba este prototipo de I+D+i, cuya densidad de potencia prometía revolucionar un sector que hoy solo deja rastros de hollín en el muelle de Agüimes.

El desastre técnico del modelo G128, equipado con palas de 62,5 metros de fibra de vidrio y carbono, expone las debilidades de apostar por soberanías energéticas basadas en tecnologías de vanguardia que fallan en condiciones críticas. A pesar de contar con un diseño preparado para resistir velocidades de viento de hasta 80 m/s, el generador síncrono de imanes permanentes no pudo evitar su propia destrucción, comprometiendo la posición de Gran Canaria como referente científico mundial justo antes de la próxima subasta de eólica marina. La desconfianza de los pescadores hacia la gestión de estos activos ha crecido al observar cómo los balances de la sociedad propietaria presentan cifras contradictorias, con resultados de explotación que chocan con la realidad de una turbina totalmente inservible.

Los residentes del sur ven en este incendio una oportunidad para frenar la especulación que intenta meter a la isla en un negocio financiero ajeno a la realidad del sector servicios. El temor a que el horizonte se llene de bujes ennegrecidos a 120 metros de altura ha unido a colectivos que tradicionalmente no compartían agenda, pero que hoy coinciden en que el retorno real de estas inversiones de vanguardia es nulo cuando terminan envueltas en llamas. La soberanía energética de las islas no puede depender de infraestructuras que amenazan la integridad de los caladeros y la estética de un destino turístico que huye de la imagen de polígono industrial marino que proyectan las grandes corporaciones.

La resolución de la Dirección General de Industria y Energía que formalizó en su día la transmisión de la titularidad de Megaturbinas Arinaga pierde su sentido práctico tras el incendio. El marco legal diseñado para operar esta plataforma de ensayos multimegavatio queda en el aire, dejando una herida abierta en el muelle de Arinaga y una pregunta incómoda sobre la seguridad de las futuras instalaciones offshore que se pretenden instalar frente a las costas del sur. Mientras los restos de la turbina Gamesa esperan su desmantelamiento, el sector pesquero y los vecinos mantienen su guardia, confiando en que el skyline industrial del sureste no vuelva a amenazar el equilibrio económico de una isla que se niega a ser el laboratorio de ensayos de inversores externos.

 

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