Más de medio centenar de vecinos y vecinas participan en el recorrido histórico por las calles del pueblo recordando a las figuras humanas con nombre y apellidos que contribuyeron al desarrollo del pueblo a través del desempeño de sus profesiones tradicionales
La 27ª Feria de la Zafra de El pueblo comenzó este viernes con un recorrido teatralizado por distintos escenarios públicos del pueblo, dedicado a recordar mediante estatuas parlantes algunos de los oficios tradicionales más relevantes que contribuyeron a forjar la identidad civicosocial y cultural de su población.
En esta segunda edición, la iniciativa promovida por la Concejalía de Cultura que dirige la teniente de alcalde Elena Álamo Vega y que coordina la edil Esther Delgado Sánchez se inició en la trasera de la iglesia de la Santísima Trinidad, teniendo como primera figurante a una mujer aparcera en representación de todas las mujeres, como en el caso de Juanita Estupiñan, que se emplearon en los surcos o en las empresas empaquetadoras de tomates antes del desarrollo turístico del municipio.
En la representación, a la que asistió el alcalde Marco Aurelio Pérez, la aparcera anónima recordó la infatigable labor que desempeñaban aquellas mujeres que desde muy jóvenes trabajaban de sol a sol y que además compaginaban la dura labor ejerciendo también de madres cuidadoras y de amas de casa. Las radionovelas como ‘Simplemente María’, o los paseos y sesiones de cine dominicales, y el programa nocturno diario de dedicatorias musicales ‘La Ronda’ contribuían a su descanso.
Otra de los oficios tradicionales que se recordaron en las inmediaciones de la Plaza fue el de panadero, profesión que ejercieron con hornos de leña cuando se apagaban las luces del pueblo figuras humanas memorables como Mariquita Santana o los Romano, entre otras. “Cargábamos el burro para el reparto del pan y normalmente vendíamos de fiao, apuntando en la libreta a crédito, y hasta muchas veces incluso regalábamos la harina para los dulces de carnaval”, afirmó la estatua parlante que dio voz a Pablito Ramírez, que recordó como anécdota la vez que Mercedes ‘la Panadera’ se vistió de hombre en unas fiestas para participar en la tradicional carrera de cintas en bicicleta.
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Las parteras heroicas
Tras atravesar la Avenida de Las Américas en obras de renovación y mejora como zona comercial abierta, el medio centenar de participantes en este recorrido histórico hizo parada frente a la casa de Juanita Trujillo Melián (1908-1996), una de las parteras más conocidas de El Tablero junto a Pepita Vega y Antoñita Pérez, que tantas vidas ayudaron a alumbrar en aquel pueblo sin asfalto que crecía en nacimientos con la ayuda imprescindible de sus manos. “Era una labor heroica, cuando aún no existían los hospitales”, recordó la estatua parlante. “Venían a buscarnos con el susto en el cuerpo y a la hora que fuera los maridos o los hijos mayores, y éramos nosotras las que los tranquilizábamos. En los partos usábamos técnicas habilidosas que pasaban de generación en generación, de madres a hijas y a nietas”, recordó. “Nuestra recompensa siempre era el primer llanto de los chiquillos, y después verlos crecer y echarse fuera”, afirmó la estatua.
El último de los oficios recordados en esta edición fue el de los antiguos maestros, y se hizo a las puertas de las antiguas aulas Ram en la Plaza de Pepe el Barbero. En la teatralización se narró que en El Tablero no hubo escuela hasta que los vecinos en una reunión en 1925 pidieron la puesta en marcha de un espacio educativo que se montaría un año más tarde en la que se conoció como la ‘casa del molino’. Los maestros llegaron de Tunte, y los pupitres y las sillas se trajeron a lomos de camellos. En ella, donde ahora se levanta un edificio reciente y moderno de tres plantas, se celebraron también las primeras misas, bautizos, primeras comuniones y confirmaciones y hasta alguna que otra boda. Después, con el aumento de la población infantil y juvenil, las clases incluso se impartieron en garajes alquilados.
Estos recorridos sobre la historia, los oficios y las personas que contribuyeron al desarrollo de El Tablero como núcleo humano están teniendo como base referencial las entrevistas personales y grupales que se están realizando en vivo a vecinos y vecinas de edad respetable y con un amplio conocimiento de causa porque participaron directamente en el proceso. En esta segunda edición, la presentadora guía y nexo de unión entre los distintos personajes que intervinieron se representó a través de ‘Clara’, una camarera de piso. “Los grandes pueblos los construyen grandes personas”, afirmó antes de que se iniciara el recorrido.















