Las cifras a veces dicen más por lo que ocultan que por lo que muestran. El último anuncio del área de Recursos Humanos de San Bartolomé de Tirajana, firmado por la concejala María Elena Álamo, es el reflejo estadístico de una realidad social incuestionable: la búsqueda desesperada de seguridad laboral en el epicentro del turismo de Gran Canaria. El consistorio ha publicado la lista de admitidos para cubrir una única plaza vacante de peón de la plantilla de personal laboral fijo. Para ese único puesto, el Servicio de Recursos Humanos ha registrado una avalancha de 28 solicitudes, lo que significa que el 96% de los aspirantes se quedará fuera en un proceso de cribado implacable.
La desproporción de la convocatoria (28 candidatos para un solo puesto de trabajo no cualificado) evidencia una paradoja económica en la comarca sureña. Mientras las grandes patronales hoteleras y de servicios del sur de la isla insisten de forma recurrente en las dificultades para encontrar mano de obra y cubrir sus plantillas de cara a la temporada de verano de 2026, la respuesta masiva a esta oferta pública demuestra que el problema no es la falta de demandantes de empleo, sino las condiciones que se ofrecen. Ante la volatilidad, la temporalidad y los horarios partidos de la hostelería privada, una plaza de peón en el ayuntamiento —pese a ser el escalafón más bajo de la administración (Grupo AP)— se percibe como un billete de lotería premiado gracias a la estabilidad del sector público.
La competencia será feroz. De los 28 que se presentaron, la burocracia ya ha purgado a dos por errores al no firmar o no presentar los anexos obligatorios, dejando a 26 trabajadores en la lista definitiva de admitidos. Estos 26 aspirantes tendrán ahora que abonar una tasa de 30 euros (o 15 euros si demuestran llevar más de un año en el paro, una bonificación que airea la situación de vulnerabilidad de muchos de ellos) para ganarse el derecho a enfrentarse a un duro concurso-oposición. Hombres y mujeres de la comarca competirán en exámenes teóricos y pruebas físicas para conseguir ese único contrato fijo, demostrando que en el sur de Gran Canaria, el sueño de la estabilidad bien vale el esfuerzo de competir contra veinticinco iguales por un bote de limpieza y una pala.
















