El Mando de Canarias refuerza medidas de disuasión en verano. El Ejército de Tierra ha endurecido su diagnóstico sobre la estabilidad del archipiélago atlántico. El jefe del Estado Mayor del Cuartel General del Mando de Canarias, el general Alfonso Pardo de Santayana, ha definido el entorno geopolítico de las islas como un escenario de alta complejidad estratégica debido a su condición de frontera exterior y a la consolidación de amenazas híbridas. La evaluación militar sitúa el foco de preocupación en los riesgos derivados de los flujos migratorios irregulares y las actividades logísticas de las redes delictivas internacionales. Esta situación ha forzado a las unidades encuadradas en el Mando Operativo Terrestre a mantener un despliegue permanente de seguridad activa, diferenciado de las dinámicas operativas del resto de las fuerzas armadas en territorio peninsular.
La doctrina de defensa para el flanco sur de Gran Canaria y el resto de las islas ha virado hacia una estrategia de presencia física e institucional contundente. El Cuartel General sostiene que la salvaguarda de la soberanía nacional exige la ocupación efectiva y visible de enclaves considerados críticos a lo largo del litoral y las zonas de control adyacentes. El despliegue busca neutralizar de forma preventiva cualquier vacío de poder o de fiscalización que pueda ser explotado por actores hostiles o mafias transnacionales dedicadas al tráfico de personas y armas. Los mandos militares asumen que la seguridad contemporánea en el entorno canario ya no se dirime mediante la confrontación clásica entre estados soberanos, sino a través de la contención diaria de organizaciones criminales difusas y altamente adaptables.
La arquitectura de defensa del archipiélago se articula formalmente en torno a una tríada operativa basada en la permanencia, el control y la demostración de fuerza. El primer vector exige que las tropas mantengan una presencia física constante en el terreno, eliminando la posibilidad de que zonas aisladas de la costa queden desprotegidas ante incursiones ilícitas. El segundo pilar descansa sobre una vigilancia tecnológica y humana continua del territorio, diseñada para detectar movimientos anómalos en las rutas de aproximación marítima y terrestre. El tercer elemento es la disuasión explícita, configurada como la proyección de un mensaje nítido hacia el exterior sobre la capacidad de respuesta inmediata y la preparación de las unidades de infantería y apoyo logístico destacadas en la región.
El factor comunicativo y la visibilidad de los convoyes y acuartelamientos operan como armas estratégicas dentro del nuevo esquema del Mando de Canarias. La Jefatura del Estado Mayor subraya que la presencia sobre el terreno pierde eficacia si no va acompañada de una política de comunicación institucional transparente que evidencie el control real del espacio soberano. La exhibición pública de las capacidades operativas del Ejército y la difusión de sus misiones de vigilancia no persiguen fines puramente informativos, sino que actúan como una herramienta psicológica orientada a disuadir a las redes de tráfico que operan desde el continente africano. La visibilidad del despliegue se convierte así en el principal garante para mantener la estabilidad social y económica en una comarca fronteriza altamente sensible a las crisis de seguridad internacionales.















