Lunes, 13 de Julio de 2026
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TURISMOPor qué el estancamiento del gasto turístico en Maspalomas preocupa a los fondos de inversión

Por qué el estancamiento del gasto turístico en Maspalomas preocupa a los fondos de inversión

Gara Hernandez - M24h Lunes, 13 de Julio de 2026

El motor económico del sur de Gran Canaria muestra preocupantes signos de fatiga estructural. Los últimos datos consolidados de la Encuesta sobre Gasto Turístico del Instituto Canario de Estadística (ISTAC) revelan una contracción generalizada en la capacidad de gasto del visitante, que ha tocado techo tras el espejismo de la recuperación postpandemia. Los destinos maduros de San Bartolomé de Tirajana y Mogán afrontan una realidad incómoda: los turistas gastan menos en casi todos los conceptos clave dentro de la isla, mientras que la inflación y los costes operativos devoran los márgenes de las empresas locales. La estrategia de basar el éxito del modelo exclusivamente en el volumen de llegadas sufre un duro revés contable.

El comercio de souvenirs y las compras generales en destino reflejan la desafección del nuevo perfil de visitante. Aunque el volumen de gasto en compras de bienes anotó una subida técnica respecto al desplome de 2024, el indicador se encuentra a años luz de los niveles alcanzados en 2022, cuando cada turista dejaba una media de 520 euros en las tiendas del sur frente a los 330 euros actuales.

El análisis pormenorizado del alojamiento destapa el primer gran síntoma de agotamiento en la planta hotelera y extrahotelera de Maspalomas, Playa del Inglés y Meloneras. Tras años de escalada ininterrumpida que llevaron el gasto medio en alojamiento de los 731 euros en 2019 a la barrera psicológica de los 1.003 euros en 2024, el indicador sufrió su primer retroceso, situándose en 998 euros por turista y viaje. Esta caída no responde a una falta de ocupación, que se mantiene en un sólido 83,8% para el alojamiento principal, sino a una pérdida de capacidad para generar ingresos adicionales en destino. Los gastos extras realizados dentro del propio establecimiento se redujeron a 216 euros, evidenciando que el visitante recorta los extras en el hotel para cuadrar su presupuesto vacacional.

La crisis de rentabilidad se traslada con especial dureza al sector de la restauración y el comercio tradicional del sur de la isla. El gasto medio en alimentación por turista cayó a 351 euros, interrumpiendo una tendencia al alza que venía consolidándose desde el periodo prepandemia. El desglose de esta partida revela un comportamiento defensivo por parte del consumidor: el gasto en restaurantes y cafeterías sufrió una contracción, bajando de los 222 euros por estancia a 215 euros. A pesar de que el 66,1% de los visitantes pisó algún establecimiento de restauración, las facturas por mesa se redujeron, un golpe directo para las pequeñas y medianas empresas de los centros comerciales de la zona turística, que ven cómo el cliente mide cada plato.

El transporte terrestre en la isla dibuja un escenario dual que tampoco aporta optimismo a la economía local. El desembolso general en transporte descendió por segundo año consecutivo hasta los 795 euros. Si bien la contratación de coches de alquiler creció en cuota de mercado alcanzando al 25,3% de los viajeros, el gasto medio unitario se estancó en 129 euros, presionando las tarifas de los operadores de rent a car. El sector del taxi experimentó un repunte en el gasto medio por usuario, alcanzando los 111 euros, pero este dato aislado responde más al incremento de las tarifas reguladas y al coste de los traslados obligatorios hacia el aeropuerto de Gando que a un mayor dinamismo en la movilidad recreativa del turista dentro del territorio insular.

La oferta complementaria de ocio, cultura y deporte vive su particular travesía en el desierto. El gasto global en actividades de recreación cayó a 553 euros por turista, consolidando la irrelevancia de la oferta cultural y museística en la cesta de la compra del visitante. Las actividades deportivas sufrieron un desplome severo, pasando de un gasto de 118 euros a 100 euros por usuario, mientras que el segmento del turismo de salud y wellness se mantiene bajo mínimos, atrayendo apenas al 3,4% del total de viajeros. Los parques de ocio del sur tampoco consiguen elevar su rentabilidad, estancando su facturación media en 67 euros por cliente, una cifra inferior a la registrada hace tres años que cuestiona las inversiones en renovación de estos recintos.

El único indicador macroeconómico que experimentó un incremento sustancial se localiza en la partida de gastos imprevistos, donde los desembolsos médicos y farmacéuticos se dispararon hasta los 63 euros por turista. Este incremento del gasto en farmacia, sumado al repunte de la categoría de otros gastos diversos que escaló a 112 euros, confirma que el dinero del visitante se diluye en contingencias y costes indirectos en lugar de alimentar el tejido productivo del ocio y el comercio de Gran Canaria. Las estadísticas del ISTAC lanzan una advertencia seria a los planificadores del destino: el sur de la isla está perdiendo la batalla por el bolsillo del turista europeo, que llega hiperconectado pero con una disposición al gasto real cada vez más reducida.

 

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