El panorama financiero de airBaltic atraviesa momentos de extrema gravedad que ponen en entredicho su viabilidad a corto plazo. AirBaltic opera en el Aeropuerto de Gran Canaria conectándolo de forma directa con los mercados bálticos y nórdicos a través del Aeropuerto Internacional de Riga (Letonia) —su base principal—, además de los aeropuertos de Tallin (Estonia), Vilna (Lituania), Helsinki-Vantaa (Finlandia), Oslo-Gardermoen (Noruega), Copenhague-Kastrup (Dinamarca) y Estocolmo-Arlanda (Suecia).
La aerolínea de bandera de Letonia convocará de urgencia a sus bonistas el próximo 3 de agosto con el objetivo de negociar un financiamiento interino que logre estabilizar unas cuentas corporativas al borde del colapso. Esta medida desesperada responde a la necesidad imperiosa de mitigar un riesgo creciente de cese de pagos o de una reestructuración forzosa de la deuda, una amenaza que se cierne sobre la compañía tras acumular múltiples incumplimientos financieros y tensiones operativas insostenibles.
Los datos negativos que asedian a la aerolínea reflejan una debilidad estructural alarmante en los mercados internacionales. La agencia calificadora de riesgo Fitch Ratings degradó la calificación de incumplimiento de emisor a largo plazo de airBaltic a la categoría crítica de 'CCC-', situándola bajo observación negativa, un bono basura, ante la alta probabilidad de un default inminente si no se concreta una inyección externa de capital. La compañía arrastra compromisos financieros acuciantes sin resolver, destacando el vencimiento en agosto de un préstamo estatal de 30 millones de euros concedido por el gobierno de Letonia, así como el incumplimiento registrado el pasado mes de junio en el reabastecimiento de una cuenta de reserva obligatoria exigida por los términos de sus notas senior.
La presión de los inversores se refleja con crudeza en los mercados de deuda. Los rendimientos de los bonos garantizados senior de airBaltic, valorados en 380 millones de euros con vencimiento en 2029, han registrado alzas drásticas desde el mes de marzo, evidenciando el escepticismo de los mercados financieros. En un hipotético escenario de impago, las previsiones de recuperación para los inversores se sitúan en una horquilla de entre el 31% y el 50% del capital principal, según los cálculos de recuperación de la deuda. La situación institucional tampoco ofrece tregua, ya que el primer ministro de Letonia, Andris Kulbergs, advirtió públicamente que el Estado no continuará socorriendo a la empresa con fondos públicos ilimitados sin un plan estratégico viable y la entrada obligatoria de un inversor estratégico.
A esta crisis de liquidez se suman factores exógenos y operativos severos que estrangulan la rentabilidad del operador respaldado por Lufthansa. Por un lado, las tensiones geopolíticas derivadas de la guerra en Irán desatada a finales de febrero han disparado los costes operativos globales. Por otro lado, la crisis en la cadena de suministro aeronáutica ha obligado a mantener múltiples aviones en tierra de forma continuada debido a retrasos críticos en la entrega de motores. Esta parálisis de flota no solo ha frustrado los planes de crecimiento a largo plazo de duplicar su flota de Airbus A220-300 hasta las 55 unidades de cara a 2030, sino que ha forzado la postergación reiterada de su salida a bolsa.
Paradójicamente, y en contraste directo con su delicada salud financiera en Europa del Este, la aerolínea mantiene una estrategia diametralmente opuesta en el archipiélago atlántico. AirBaltic anunció un refuerzo sustancial de su operativa en el Aeropuerto de Gran Canaria para la temporada de invierno 2026/2027, incorporando un segundo avión basado en la isla y lanzando cuatro nuevas rutas regulares a partir de octubre. Esta expansión consolidará su primera base fuera de sus mercados principales establecida en 2023, conectando el destino insular con Polonia mediante enlaces hacia Varsovia, Poznan y Katowice, además de sumar una nueva ruta hacia la localidad belga de Lieja.
Las operaciones se realizarán con aeronaves Airbus A220-300 configuradas con 148 plazas y frecuencias semanales, ampliando la conectividad con Europa central y oriental. No obstante, en los mentideros de la aviación comercial genera profundas dudas cómo una aerolínea con una calificación crediticia en mínimos históricos, con deudas estatales pendientes y con sus bonos amenazados por la bancarrota, destina recursos a expandir bases periféricas. Mientras los tenedores de bonos se preparan para una reunión en Riga que decidirá el futuro inmediato de la compañía, la apuesta por Gran Canaria demuestra un contraste desconcertante entre la insolvencia corporativa y la operativa comercial sobre el terreno.
















