Miércoles, 12 de Agosto de 2026
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TURISMOMaspalomas afronta la prueba de fuego del EES: la incertidumbre del control biométrico desafía la temporada alta de invierno

Maspalomas afronta la prueba de fuego del EES: la incertidumbre del control biométrico desafía la temporada alta de invierno

Yurena Vega - M24h Miércoles, 12 de Agosto de 2026

 

El sector hotelero del sur de Gran Canaria se prepara para afrontar su temporada alta de invierno de turismo del Reino Unido bajo la atenta y preocupada mirada de un sector turístico que cruza los dedos ante el devenir del Sistema de Entradas y Salidas (EES) de la Unión Europea. Tras un verano donde la norma general ha sido la flexibilidad y la manga ancha en los controles biométricos para evitar colapsos catastróficos, el horizonte a partir de octubre plantea un interrogante mayúsculo para los aeropuertos insulares y para la llegada masiva de visitantes extranjeros. La gran pregunta que resulta en los despachos de los operadores turísticos de Maspalomas es clara: ¿Qué pasará cuando arranque el periodo de mayores ingresos en la isla y el sistema deba aplicarse con todo su rigor a los viajeros procedentes de terceros países?

El despliegue del EES, efectivo desde el pasado 10 de abril de 2026, supuso la supresión definitiva del tradicional sellado manual en los pasaportes para dar paso a un registro digital informatizado que recopila datos de los documentos de viaje, imágenes faciales y huellas dactilares. La magnitud del sistema ha demostrado que cualquier mínima fricción técnica o operativa se multiplica de forma exponencial, convirtiéndose de inmediato en un cuello de botella crítico para la movilidad internacional.

Durante los meses de julio y agosto, los principales aeropuertos europeos y españoles han evitado el colapso gracias a la aplicación de mecanismos de salvaguarda contemplados en la normativa europea. El Reglamento (UE) 2025/1534 permite a los Estados miembros suspender de manera temporal la recogida de datos biométricos cuando se alcanzan niveles de espera inaceptables o picos de tráfico excepcionales. Esta válvula de escape ha permitido agilizar el tránsito en las fronteras exteriores, pero las asociaciones aéreas internacionales —como ACI Europe, IATA y Airlines for Europe— ya advirtieron en pleno verano de esperas que amenazaban con alcanzar hasta las cinco horas en los momentos punta si se aplicaba el reglamento a rajatabla.

El punto de inflexión inmediato se sitúa a principios de septiembre. Informaciones procedentes de ámbitos comunitarios apuntan a que el comisario europeo de Transporte Sostenible y Turismo, Apostolos Tzitzikostas, valora prorrogar las excepciones más allá del 6 de septiembre, habiendo trasladado esta posibilidad al Gobierno británico. Sin embargo, a fecha de este agosto de 2026, la Comisión Europea no ha emitido una decisión formal y vinculante al respecto. Esto significa que el sector turístico afronta el inicio del ciclo de otoño con una absoluta incógnita regulatoria, un escenario de inestabilidad que afecta de lleno a la planificación de las aerolíneas y a la confianza de los turoperadores que alimentan el mercado del sur grancanario.

Para un destino maduro como Maspalomas, cuya economía descansa firmemente sobre la llegada constante de turistas internacionales durante el invierno, las consecuencias de una mala gestión fronteriza trascienden el ámbito aeroportuario. El perfil del visitante británico y de terceros países es capital para mantener las tasas de ocupación hotelera y extrahotelera en San Bartolomé de Tirajana durante los meses fríos. Si los controles del EES vuelven a endurecerse de forma automática sin una dotación adecuada de personal policial, sin una implantación generalizada de aplicaciones de prerregistro y sin quioscos de autoservicio plenamente operativos, el riesgo de que se reproduzcan las retenciones y las pérdidas de conexiones aéreas vuelve a planear sobre el archipiélago.

La temporada baja que ahora se abre no será, por tanto, un periodo de descanso operativo, sino un banco de pruebas ineludible. Con un volumen de pasajeros menor que en pleno verano, las autoridades tendrán la oportunidad técnica de comprobar si los problemas registrados responden exclusivamente a los picos masivos de demanda estival o si, por el contrario, existen limitaciones estructurales insalvables en los equipos y en los sistemas informáticos. Para los gestores turísticos locales, distinguir entre ambos factores es una cuestión de supervivencia económica: si las dificultades persisten incluso con una menor afluencia de viajeros, el problema dejará de ser una anécdota estacional para consolidarse como una traba operativa permanente.

Las asociaciones de aviación han insistido en reiteradas cartas enviadas a la presidencia de la Comisión Europea que la tecnología central del EES debe ir acompañada de recursos humanos suficientes en los puestos fronterizos y de una estabilidad absoluta en las plataformas nacionales y europeas. De lo contrario, el otoño servirá únicamente para maquillar bajo una demanda inferior las verdaderas costuras de un sistema que aún no ha demostrado su eficacia en condiciones de máxima presión continuada.

La cuenta atrás para el invierno en Maspalomas camina paralela al pulso que Bruselas mantiene sobre la flexibilidad de sus propias fronteras. Si las excepciones se extienden, el sector ganará un valioso margen de maniobra para corregir los errores antes de la llegada masiva de la temporada alta. Si por el contrario se endurecen los criterios, los aeropuertos y el sector alojativo del sur de Gran Canaria se asomarán a un examen de estrés operativo cuyas repercusiones económicas nadie se atreve a infravalorar.

 

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