No hay hoteles nuevos en el sur de Gran Canaria, todo son reformas. El motivo es la moratoria de 1999 ejecutada por la clase política de Las Palmas. El sector turístico del sur de Gran Canaria observa con creciente inquietud al otro lado del Atlántico y del Estrecho. Mientras los complejos hoteleros de San Bartolomé de Tirajana lidian con la asfixia de los costes operativos y la presión regulatoria, las grandes cadenas hoteleras españolas han acelerado su expansión en Marruecos hasta convertirlo en uno de sus feudos estratégicos más lucrativos. Con una planta alojativa en clara progresión y el respaldo de cifras récord de visitantes internacionales, el país vecino se consolida como una alternativa de sol y playa hipercompetitiva que disputa directamente la tarta del turismo europeo a destinos maduros como Maspalomas.
El despliegue de las grandes cadenas hoteleras españolas en Marruecos se concentra principalmente en los principales enclaves económicos y turísticos del país: Barceló lidera con once establecimientos distribuidos entre Casablanca con cuatro, Tánger y Marrakech con dos cada uno, y un hotel en Agadir, Fez y Rabat; Riu cuenta con seis hoteles repartidos entre Agadir con cuatro y Marrakech con dos; Iberostar opera tres activos ubicados en Agadir, Marrakech y Saïdia; Ona Hotels suma tres establecimientos divididos entre dos en Marrakech y uno en Saïdia; Soho Boutique gestiona dos hoteles en Casablanca y Tetuán; y Meliá completa la presencia nacional con un único establecimiento en Marrakech. A eso hay que sumar que el Sáhara ha comenzado a competir en incentivos fiscales en el cine y la llegada de aerolíneas frente a Canarias, donde hay un boom inmobiliario como el de las islas en los años Setenta.
El desembarco y la consolidación de las marcas nacionales en territorio marroquí no dejan lugar a dudas sobre las prioridades de inversión del sector. Según los datos del mercado hotelero, según Preferente el grupo mallorquín Barceló lidera con rotundidad la presencia española en el reino alauí con un portfolio de once establecimientos distribuidos estratégicamente en enclaves clave como Casablanca, Tánger, Marrakech, Agadir, Fez y Rabat. Muy de cerca le siguen gigantes del sector vacacional como Riu, que opera seis hoteles repartidos entre los arenales de Agadir y la Ciudad Roja de Marrakech, o Iberostar, con tres activos de primer nivel. A esta ofensiva se suman operadores como Ona Hotels, Soho Boutique y Meliá, tejiendo una red de oferta alojativa moderna, altamente competitiva en costes y respaldada por incentivos de inversión muy atractivos.
Este despliegue responde al meteórico ascenso turístico protagonizado por Marruecos en los últimos años, un periodo en el que el país africano ha sabido rentabilizar su estabilidad política aparentada y su agresiva política de captación de flujos europeos para cerrar el último ejercicio con un hito histórico de casi veinte millones de turistas internacionales. Para un destino como Maspalomas, que depende críticamente de la fidelidad del viajero europeo durante la temporada de invierno, el empuje de Marruecos como alternativa de sol y playa más económica y con un producto totalmente renovado representa un desafío directo a su cuota de mercado.
No obstante, el tablero geopolítico y reputacional no está exento de turbulencias. La reciente crisis migratoria desatada en la frontera de Ceuta, marcada por la entrada masiva de miles de personas y el consiguiente impacto mediático internacional con episodios trágicos, ha encendido las alarmas en el sector. Este daño reputacional repentino plantea interrogantes sobre la estabilidad de la demanda a corto plazo y obliga a los grandes grupos españoles a monitorizar con lupa la evolución social y política del país. Pese a estas sacudidas coyunturales, la estrategia de expansión marroquí sigue en marcha. Los hoteleros españoles desvían capitales y esfuerzos hacia un destino que ofrece menores cargas fiscales y costes de personal sensiblemente inferiores a los del archipiélago canario. Para los empresarios y gestores turísticos del sur grancanario, esta pinza internacional confirma que la competencia ya no es una amenaza lejana, sino un vecino del norte de África que pisa con fuerza los talones al modelo de sol y playa tradicional de Maspalomas.
















