¿Quién paga los 16.000 euros el minuto que cobró Marc Anthony en el fracasado carnaval de Las Palmas del pasado mes de febrero? El sur de la isla. Un análisis detallado de los presupuestos canarios para el ejercicio 2026 revela una geografía económica sorprendente en Gran Canaria. Mientras el motor turístico de la isla ruge en el sur, el botín fiscal es capturado abrumadoramente por la capital en el norte. Esto no es un accidente de la naturaleza, sino una consecuencia de la centralización corporativa que crea un efecto de agujero negro para la recaudación de impuestos en municipios que dependen del turismo como San Bartolomé de Tirajana.
Datos de la 'Liquidación del presupuesto consolidado de Entidades Locales' adelantados por La Gaceta de Gran Canaria exponen que a Tirajana le llega una liquidación de 1,5 millones, menos que en Artenara. La distribución de esta recaudación es profundamente desigual. Las Palmas de Gran Canaria, el corazón administrativo y comercial de la isla, tiene previsto recaudar la friolera de 89,5 millones de euros, casi una cuarta parte de la recaudación total de impuestos indirectos de la isla. Esta cifra empequeñece las contribuciones de otros municipios. ¿De dónde viene ese dinero? Mayormente de Maspalomas. Por ejemplo la cementera brasileña de Santa Águeda que opera con la marca Ceisa e insiste que es un producto 'Elaborado en Canarias' líquida el IGIC en Las Palmas pero el problema es de los vecinos y del destino.
Esto muestra que el total de ingresos presupuestados por todos los municipios de Gran Canaria en concepto de "otros impuestos indirectos", que abarcan principalmente el Impuesto General Indirecto Canario (IGIC), asciende a una cifra sustancial de 374,4 millones de euros para el ejercicio fiscal de 2025. Esta cifra representa la savia de las finanzas del gobierno local, financiando servicios e infraestructura esenciales. ¿Alguien puede creer que Aguas de Teror o Firgas serían rentables sin el sur de Gran Canaria?
La distribución de esta recaudación es profundamente desigual. La capital, Las Palmas de Gran Canaria, lidera la aportación con 89.533.138,39 euros, seguida por Santa Lucía de Tirajana con 18,4 millones, Mogán con 7,1 millones, Agüimes con 6,7 millones, Gáldar con 6.428.000 euros, Teror con 3.875.045,32 euros, Moya con 2.812.387,41 euros, Agaete con 2.350.513,70 euros, Tejeda con 1.688.811,85 euros, San Bartolomé de Tirajana con 1.500.000 euros, Artenara con 1.468.431,79 euros, Telde con 589.702,23 euros, Ingenio con 215.000 euros, Arucas con 150.000 euros, Santa Brígida con 100.000 euros, Valsequillo de Gran Canaria con 74.699,09 euros, La Aldea de San Nicolás con 50.400 euros, Firgas y Santa María de Guía de Gran Canaria ambos con 50.000 euros, Vega de San Mateo con 15.000 euros y Valleseco cerrando la lista con 6.500 euros.
La discrepancia se vuelve evidente al compararla con el sur de la isla, el verdadero epicentro de la industria turística de Gran Canaria. San Bartolomé de Tirajana, hogar de las icónicas Dunas de Maspalomas y sus complejos turísticos, tiene una previsión de ingresos por impuestos indirectos de apenas 1,5 millones de euros. Esto lo sitúa al mismo nivel que municipios pequeños, del interior y en gran parte agrícolas como Artenara (1,4 millones de euros).
Esta inversión fiscal es un resultado directo de dónde deciden establecer sus sedes principales las grandes corporaciones turísticas. Un ejemplo principal es Lopesan Hotels, el mayor contribuyente privado individual de la isla. Aunque la gran mayoría de sus operaciones, activos y generación de ingresos ocurren en el sur de Gran Canaria, su centro neurálgico está ubicado en la calle Concepción Arenal de Las Palmas de Gran Canaria. En consecuencia, el IGIC pagado por la extensa actividad económica de la compañía fluye hacia las arcas municipales de la capital, no hacia las del municipio que acoge a los turistas.
Los datos también resaltan un contraste más pequeño, pero aún significativo, entre las dos principales zonas turísticas del sur. Mogán, otro centro turístico clave con un número significativo de hoteles y complejos turísticos, tiene previsto recaudar 7,1 millones de euros en impuestos indirectos. Esto es casi cinco veces la cantidad presupuestada para San Bartolomé de Tirajana. La razón probable de esta diferencia radica en la estructura del turismo en cada municipio. San Bartolomé de Tirajana es más maduro, con una mayor proporción de infraestructura preexistente más antigua, donde gran parte del IGIC inicial se capturó hace décadas. Mogán, con sus desarrollos más nuevos y la inversión en curso, puede estar capturando un IGIC más actual relacionado con el consumo y los servicios, más cerca del punto de venta.
Históricamente, el Gobierno de Canarias ha ocultado la recaudación del IGIC por isla para evitar comparaciones odiosas con Gran Canaria, donde el gran volumen de actividad económica puede eclipsar a islas más pequeñas como La Gomera o El Hierro. Sin embargo, estos datos a nivel municipal corren el velo, revelando una disparidad interna marcada. Pinta el cuadro de una capital que se beneficia desproporcionadamente de la industria principal de la isla, mientras que los municipios que están en la primera línea de la prestación de servicios turísticos se quedan con un déficit fiscal, luchando por capturar la recaudación fiscal que su actividad económica debería generar legítimamente. Este sistema desequilibrado plantea cuestiones fundamentales sobre la equidad y la sostenibilidad a largo plazo de la financiación para los municipios turísticos clave de Gran Canaria.















