El Santiago Bernabéu es el escenario donde los sueños de muchos futbolistas se hacen realidad, pero para Job Ochieng, su titularidad con la Real Sociedad frente al Real Madrid en la segunda jornada de La Liga 2026-27 no fue solo un debut soñado, sino el punto álgido de una extraordinaria epopeya de resiliencia. Una historia que, paradójicamente, comenzó en la más absoluta desesperación en las soleadas calles de Maspalomas.
Ahora, Ochieng es un jugador clave para el técnico Pellegrino Matterazo, luciendo la camiseta número 12 tras una campaña estelar en La Liga 2 con la Real Sociedad B, donde anotó ocho goles y repartió dos asistencias. Su participación en el único gol de su equipo en la derrota por 4-1 ante el Real Madrid – un disparo bloqueado tras un desmarque inteligente que permitió a Luca Sucic marcar – es solo un destello de su talento. Pero detrás de este presente radiante se esconde un pasado oscuro que tiene sus cimientos en Gran Canaria.
En el verano de 2020, con apenas 17 años, Ochieng dejó su Kenia natal y el Ligi Ndogo AC de Nairobi con la esperanza de triunfar en Europa. El viaje, sufragado con esfuerzo por sus paisanos, se convirtió en una trampa mortal. Al llegar a Canarias, el agente que le prometió el cielo desapareció, dejando a un adolescente solo, sin recursos y a miles de kilómetros de casa. "Estaba en la calle con su maleta", recuerda con crudeza Carlos Gaumet, entonces entrenador del CD Maspalomas.
El sueño se transformó en supervivencia. Job estaba varado, incomunicado por la barrera del idioma y víctima de una estafa cruel que amenazaba con truncar su futuro. La repentina exigencia económica de un intermediario sin escrúpulos había puesto contra las cuerdas a su familia en Kenia. En ese momento crítico, cuando todo parecía perdido, la comunidad del CD Maspalomas se convirtió en un faro de esperanza. Ante la desolación del adolescente abandonado en la calle, el club sureño no dudó en actuar. "Tanto yo como el presidente del club, Orlando Galindo, tuvimos que hacernos cargo de Job porque el hombre que lo trajo lo dejó en la calle con sus maletas", relata Gaumet.
Maspalomas acogió al adolescente. Le ofrecieron no solo un techo, proporcionándole un apartamento, sino también un sentido de propósito y dignidad. Ochieng encontró un trabajo como entrenador dentro de la academia del club, lo que le permitió cubrir sus necesidades básicas y empezar a reconstruir su vida. "Recuerdo que lo recogí y lo llevé al campo porque el niño estaba solo", explica Gaumet. "Lo pasó muy mal. Venía de un país africano como Kenia y no hablaba el idioma". El idioma fue un obstáculo inicial, salvado por la fortuna de que Gaumet hablaba inglés, lo que facilitó la comunicación y el arraigo de Job. "Cuando le muestras cariño a un niño extranjero, se abre más", añade el entrenador.
Job Ochieng pasó de ser un adolescente abandonado a un miembro valioso de la familia del CD Maspalomas. En las instalaciones del club, encontró una segunda oportunidad, una nueva familia y un camino que, tras años de esfuerzo, paciencia y madurez, le ha llevado a convertirse en internacional absoluto con Kenia y en una pieza fundamental en la Real Sociedad. Su éxito en el Bernabéu es, en definitiva, el éxito de Maspalomas, que no solo le salvó la vida, sino que le enseñó a volar.















