¿Quién va a querer ir a una ciudad en permanentes obras, de mal humor por los aparcamientos, con servicios de transporte públicos con overbooking, llena de tiktokers en el esatción de buses San Telmo incordiando a turistas preguntando vulgaridades que parecen delincuentes? El mapa de los flujos turísticos en Gran Canaria experimenta una profunda reconfiguración marcada por la polarización de los desplazamientos, la dependencia del vehículo de alquiler y una movilidad interior condicionada por severas fricciones logísticas. El último barómetro insular sitúa a las Dunas de Maspalomas en la cúspide de los puntos de interés más frecuentados del archipiélago, congregando al 50,86% de los visitantes tras registrar un incremento interanual del 1,1% respecto al segundo trimestre de 2025.
Este liderazgo en el sur contrasta con el comportamiento de los grandes núcleos urbanos y costeros, donde el Puerto de Mogán consolida la segunda posición del ranking con un 43,12% de visitantes y un notable repunte del 5,1%, mientras la capital, Las Palmas de Gran Canaria, cede la tercera plaza al retroceder un 7,5% hasta quedarse en el 42,89%.
La movilidad hacia estos enclaves descansa de forma abrumadora sobre el transporte privado de cuatro ruedas. Entre los turistas españoles, el vehículo de alquiler concentra el 53,37% de los desplazamientos, seguido muy de distancia por el transporte público con un 33,06%, el taxi con un 29,31%, los desplazamientos a pie con un 7,72%, las excursiones organizadas con un 6,65% y la bicicleta con un testimonial 0,54%. Por su parte, los visitantes extranjeros elevan la dependencia del coche de alquiler hasta el 38,62%, utilizan el transporte público en un 38,97%, recurren al taxi en un 15,14%, caminan en un 11,58% y participan en excursiones organizadas en un 2,02%.
A la hora de elegir medio de transporte, la comodidad condiciona el 63,85% de las decisiones, el precio el 37,49%, la accesibilidad el 24,46%, la flexibilidad horaria el 14,48% y la inexistencia de alternativas el 13,94%, mientras el 8,72% de los usuarios denuncia incidencias graves de movilidad frente a una minoría del 91,28% que no reporta incidencias directas.
Fuera de los grandes circuitos litorales del sur, el mapa de los lugares más visitados refleja descensos pronunciados en el norte y el interior de la isla. La región del Norte cae un 9,4% hasta registrar un 18,26% de visitantes, situándose en el cuarto puesto, seguida de cerca por El Interior y las Cumbres, que descienden un 2,2% hasta el 17,77%. Más acusadas son las caídas en enclaves patrimoniales específicos como Agaete, que se desploma un 13,6% hasta el 12,63% (sexto puesto), Teror, que retrocede un 11,7% hasta el 11,06% (octavo puesto), y la capital tinerfeña o insular reflejada en los flujos generales. En contraposición a esta contracción general en las medianías, el Roque Nublo experimenta un vigoroso crecimiento del 8,0%, aupándose hasta el séptimo puesto con un 11,48% de cuota de atracción, mientras el Barranco de Guayadeque avanza un 5,5% hasta captar al 7,20% de los turistas.
Esta distribución territorial de las visitas se vertebra a través de pautas de estancia diurna muy concentradas. El 45,02% de los turistas permanece fuera de su alojamiento entre cuatro y ocho horas diarias, un 24,40% alarga sus salidas entre nueve y doce horas, el 20,24% realiza jornadas exprés de cero a tres horas y apenas un 10,34% supera las doce horas de actividad exterior. En este contexto de desplazamientos, actividades cotidianas como pasear (100%), disfrutar de la playa (90%), la piscina (80%) o degustar la gastronomía insular sustentan la estancia de unos viajeros que se mueven en un escenario de creciente presión sobre las infraestructuras viarias del sur y de atonía en el tejido patrimonial del interior insular.
















