"Es una preocupación más, es copo de nieve más en la bola que en cualquier momento comienza a rodar, pero la presencia de fondos de inversión en el sur de Gran Canaria aísla de entrada cualquier tormenta sobre el destino". La frase anterior la dijo este martes un ejecutivo de una cadena hotelera con base en Las Palmas sobre la nueva contrariedad de esta semana, es decir, la crisis de Volotea. El precio del carburante afecta a todas las compañías, dependerá de sus swaps y capacidad de renegociar deuda a largo plazo.
El Patronato de Turismo de Gran Canaria y Volotea acordaron este 2026 un programa conjunto de promoción del destino en Francia para "incrementar la notoriedad de la isla entre el público francés, estimular la demanda de viajes y respaldar la comercialización de las conexiones aéreas entre Francia y Gran Canaria, con especial atención a la próxima temporada de invierno". Ese acuerdo está ahora pendiente de la supervivencia de la aerolínea.
Los problemas que atraviesa Volotea genera profunda preocupación en el sector turístico del sur de Gran Canaria, una zona altamente dependiente de la estabilidad en las conexiones aéreas regionales e internacionales. La aerolínea de bajo coste, fundada en 2011 por Carlos Muñoz y Lázaro Ros, se encuentra bajo una intensa presión contable tras cerrar 2025 con unas pérdidas netas de 64,3 millones de euros y un patrimonio neto negativo que asciende a 77,5 millones, una coyuntura que la sitúa formalmente en causa de disolución según el auditor EY y los registros mercantiles.
Dentro de su oferta de conectividad hacia Gran Canaria, la aerolínea opera trayectos desde Asturias con precios desde 30 euros, conexiones desde Bilbao a partir de 35 euros, enlaces franceses desde Nantes y Lille desde 82 euros, y rutas desde Alemania con origen en Düsseldorf desde 164 euros. Cualquier alteración o supresión de estas conexiones procedentes de bases penales o europeas repercute de manera directa en la ocupación hotelera y extrahotelera de la zona turística meridional, obligando a los operadores del sector insular a observar con absoluta cautela la viabilidad de la compañía.
A pesar de haber alcanzado ingresos récord por valor de 818 millones de euros y un beneficio operativo de 47,4 millones —lo que supuso un crecimiento del 41% respecto al ejercicio anterior—, los desvíos y los impactos extraordinarios relacionados con activos fiscales y reservas de conversión de divisas desequilibraron las cuentas de la compañía. Para hacer frente a este bache, la empresa ha pactado con sus acreedores el aplazamiento de pagos por importe de 49,3 millones de euros y busca captar 25 millones adicionales en financiación.
En paralelo, el contexto geopolítico marcado por el conflicto en Oriente Próximo continúa castigando al sector aéreo, elevando los costes operativos, por lo que Volotea prevé cerrar el ejercicio con nuevos números rojos estimados en 33 millones de euros. Para capear el temporal, la aerolínea se apoya temporalmente en la moratoria societaria o "escudo contable" impulsado por el Gobierno, al tiempo que ejecuta un plan de ajuste que incluye la reducción de su flota de verano de 44 a 41 aeronaves de fuselaje estrecho y la revisión constante del rendimiento de sus trayectos para suprimir aquellos que no alcanzan los mínimos de rentabilidad exigidos.
Este escenario de recortes y cancelaciones selectivas de rutas amenaza la fluidez de los enlaces que alimentan la llegada de visitantes a enclaves clave del sur de la isla, como Maspalomas o Mogán. La aerolínea desempeña un papel activo en la diversificación de mercados al conectar aeropuertos medianos europeos y nacionales con el archipiélago, ofreciendo habitualmente tarifas competitivas en rutas esenciales.
















