El Aeropuerto del Cabildo de Gran Canaria, cuyo suelo es propiedad del gobierno de la isla y no de AENA, afronta una de las etapas más determinantes de su historia reciente tras la aprobación oficial del Documento de Regulación Aeroportuaria (DORA 2027-2031). El recinto insular recibirá una inyección total de 336,3 millones de euros (de los cuales 219,4 millones corresponden a inversión regulada), una cifra que pulveriza los 63,9 millones de euros asignados en el quinquenio anterior (2022-2026) y multiplica por más de cinco su presupuesto para responder con garantías al vertiginoso ascenso hacia el hito de los 17 millones de pasajeros.
En el plano de tráfico, el aeropuerto del Cabildo de Gran Canaria proyecta arrancar el año 2027 con un volumen de 16.908.242 pasajeros comerciales, una cifra que ascenderá de forma constante hasta alcanzar los 18.782.829 pasajeros al cierre de 2031. Esta demanda estará marcada por unas cuotas estimadas en su último año que situarán un 48,14% de los pasajeros en tráfico nacional, un 49,95% procedente del Espacio Económico Europeo (EEE) y un 1,27% de mercados internacionales exteriores al EEE. Paralelamente, las operaciones comerciales previstas pasarán de 149.712 movimientos en 2027 a 160.420 en 2031, mientras que el volumen de carga se incrementará desde los 20.101.485 kilogramos hasta los 22.168.037 kilogramos, elevando las Unidades de Tráfico (ATU) hasta las 35.046.499 al final del quinquenio.
Para absorber este incremento, el aeródromo cuenta con una capacidad de referencia de 20 millones de pasajeros y unos subsistemas dimensionados que incluyen 51 aeronaves por hora en el campo de vuelos, 58 en la plataforma comercial, 7.150 pasajeros por hora en el edificio terminal y una capacidad de carga de 48.600 toneladas anuales. Los niveles de utilización previstos muestran una gestión equilibrada de las instalaciones, destacando una moderación gradual en la terminal de pasajeros, que descenderá desde el 1,13 en 2027 hasta el 1,04 en 2031.
A diferencia de otras grandes islas del archipiélago donde se proyectan macroampliaciones terminales desde cero —como ocurre en Tenerife Sur o Tenerife Norte— (esos sí están bajo el suelo de AENA), la hoja de ruta para Gran Canaria prioriza un refuerzo quirúrgico, estructural y tecnológico de su núcleo operativo. En el plano del "lado aire", el plan contempla una ambiciosa renovación de los pavimentos de la plataforma y de una de las pistas de vuelo, además de actuaciones complementarias en calles de rodaje y la ampliación de la plataforma hacia el norte para incrementar la capacidad de estacionamiento y maniobrabilidad de aeronaves.
En el interior de la infraestructura, los fondos se volcarán en adaptar el edificio terminal a los nuevos controles de seguridad dotados de tecnología de última generación. La llegada de estos equipos avanzados —que permitirán agilizar los filtros y modificar los tradicionales protocolos de inspección de dispositivos electrónicos y líquidos— exige una reorganización física de los espacios. A esto se suman las mejoras previstas en las fachadas, la profunda reconfiguración del vestíbulo de llegadas, la renovación de pasarelas de embarque y sistemas electromecánicos, y actuaciones específicas en los aparcamientos.
Un aspecto clave e innovador que incorpora este ciclo inversor en Gando es la puesta en marcha de una fase específica de diseño funcional. Esta etapa previa de análisis técnico servirá para estudiar con rigor y anticipación si la infraestructura demandará obras de mayor calado a largo plazo, asegurando que el motor aeroportuario del archipiélago esté perfectamente preparado para cualquier escenario de crecimiento futuro sin perder un ápice de eficiencia ni sostenibilidad.






