Hay aniversarios que trascienden el mero cómputo del tiempo para convertirse en un termómetro exacto de la influencia, el afecto y las costuras invisibles que sostienen a una sociedad. La cumbre demostró que, más allá de los vaivenes macroeconómicos y las disputas de partido, el verdadero tejido de Gran Canaria se sostiene sobre los afectos personales y la memoria insobornable de sus mejores hombres.
El atardecer del pasado miércoles, el emblemático Bodegón del Pueblo Canario —joya arquitectónica firmada por los hermanos Néstor y Miguel Martín-Fernández de la Torre en el corazón de Las Palmas de Gran Canaria— no albergó una celebración convencional. Convocados por el cumpleaños de Anil Partap, figura capital del empresariado isleño, más de un centenar de almas se dieron cita bajo los artesonados canarios. Sin embargo, desde el primer brindis hasta el último compás de la velada, el verdadero latido de la reunión estuvo consagrado a la memoria de Paco Santana, fallecido recientemente y hermano del alma para buena parte de los allí congregados.
Bajo los laureles de Indias y los balcones de madera noble, la estampa reunió una pluralidad de influencias que pocas veces conviven bajo un mismo techo con tanta naturalidad. Estaban allí los capitanes del sector empresarial del sur grancanario, artífices del motor turístico, rozando hombros con los pesos pesados del tejido mercantil de la capital. La alta finanza insular tuvo su representación en directivos de entidades bancarias de primer orden, flanqueados por ejecutivos del sector logístico que dominan las rutas comerciales del Atlántico tanto por vía marítima como aérea.
No faltaron rostros de la aristocracia local ni una nutrida representación de altos funcionarios públicos. Pero el dato político más elocuente de la jornada fue la transversalidad: autoridades institucionales de casi todo el abanico parlamentario aparcaron las siglas y las trincheras ideológicas para rendir tributo a la concordia. El poder de los medios de comunicación tampoco quiso faltar a la cita, con directores y plumas influyentes que asistieron tanto como testigos de la crónica social como en calidad de amigos entrañables del homenajeado.
La presencia omnipresente de Paco Santana
En los corrillos formados junto a los muros de cantería, el nombre de Paco Santana flotaba en cada conversación con una intensidad abrumadora. No se trataba de un protocolo luctuoso, sino de la presencia viva de quien fue pilar, consejero y hermano de sangre elegida para muchos de los presentes. "Anil cumple años, pero hoy nos duele y nos abraza la ausencia de Paco; celebrar la vida aquí hoy solo tiene sentido si es para honrar la lealtad que él nos enseñó", murmuraba uno de los empresarios turísticos más prominentes del sur mientras contemplaba el patio iluminado por faroles de forja.
Las anécdotas sobre la generosidad de Santana, su infatigable labor como puente entre sectores y su caballerosidad inquebrantable monopolizaron los corrillos. Entre copas de vino de la tierra y viandas tradicionales, la figura de Paco se multiplicaba en los ojos aguerridos de magistrados, en la voz de veteranos directivos y en el silencio respetuoso de los políticos que reconocían en él a un hombre de Estado sin cartera.
Cuando la tarde comenzó a envolver el parque Doramas y los asistentes comenzaron a dispersarse bajo la brisa atlántica, quedó la certeza de que las grandes alianzas de este archipiélago no se firman en despachos fríos, sino en mesas donde la amistad, el dolor compartido y el respeto mutuo dictan las reglas del juego. Anil Partap sopló sus velas, sí, pero la jornada entera perteneció a la memoria inmortal de Paco Santana.

















