Hay destinos que se conforman con el capricho del clima; y luego está el sur de Gran Canaria, que ha decidido convertir su invierno en una obra de ingeniería de la experiencia. Mientras media Europa comienza a replegarse bajo los abrigos de lana y las calefacciones centrales, el Ayuntamiento de San Bartolomé de Tirajana ha puesto sobre la mesa una jugada maestra de diplomacia turística y músculo municipal: la licitación de un gran domo audiovisual inmersivo en el corazón del Parque del Sur de Maspalomas.
Con un presupuesto base de 375.000 euros sin IGIC (que asciende a 401.250 euros con impuestos) y un calendario de ofertas abierto hasta el próximo 24 de octubre, el consistorio no busca simplemente engalanar las calles con el decorado de rigor. Pretende desplegar un recinto tecnológico de vanguardia que operará del 16 de noviembre de 2026 al 16 de enero de 2027. Detrás del despliegue de proyectores fulldome, sistemas de sonido envolvente y contenidos personalizados que asumirá íntegramente las arcas municipales —sin rastro de cofinanciación comunitaria— se esconde una lectura milimétrica de las estadísticas de ocupación.
La lógica del cartapacio económico municipal no deja lugar a dudas: uno de cada tres turistas que recalan en este rincón del atlántico procede del Reino Unido, mientras que el histórico y fiel mercado germano aporta cerca de 919.000 visitantes anuales. Para un contingente tan masivo de ciudadanos británicos y alemanes que eligen el sur grancanario como su refugio estacional, la Navidad ya no puede ser solo sol y tumbona; exige un relato cultural y sensorial a la altura de las grandes capitales europeas, pero bañado por una perpetua brisa atlántica de veintidós grados.
El pliego técnico de la adjudicación desborda el concepto tradicional de feria navideña. La empresa que resulte victoriosa el próximo mes no solo cargará con el transporte y el montaje de la cúpula, sino con la dirección técnica de un organismo vivo: operación diaria, mantenimiento especializado, equipos de recepción y la creación de contenidos audiovisuales concebidos ad hoc para cautivar por igual al vecino de San Fernando y al turista alojado en los grandes complejos de Playa del Inglés o Meloneras.
“No competimos únicamente con otros destinos de sol y playa del Mediterráneo; competimos con la capacidad de emocionar al viajero que nos confía sus vacaciones de invierno”, deslizan fuentes próximas al área de contratación municipal. Cuando las puertas de este gran domo inmersivo abran sus costuras gratuitas el próximo noviembre, Maspalomas volverá a demostrar que la verdadera aristocracia del turismo moderno no descansa sobre los laureles de su geografía, sino en su habilidad incesante para reinventar el horizonte.
















