Air Baltic, Volotea, Wizz Air,.Ryanair... El encarecimiento del combustible derivado del conflicto en Oriente Medio y la consecuente crisis energética han sumido al sector aéreo internacional en un escenario de contención de costes que impacta directamente en la operativa turística hacia el sur de Gran Canaria. Las principales aerolíneas europeas acometen recortes masivos en su capacidad para la temporada de invierno, forzando un reajuste en los flujos de visitantes con destino a Maspalomas.
Compañías de referencia como Ryanair, Volotea, EasyJet o el grupo Lufthansa han acelerado la retirada de asientos y el reajuste de sus flotas para amortiguar el impacto de un carburante cuyos precios superan holgadamente los promedios habituales del mercado.
Este recorte global de capacidad —que solo en septiembre supuso la eliminación de seis millones de plazas operativas para el último trimestre del año según datos del sector— deja en el aire las previsiones iniciales de llegadas al aeropuerto insular.
El mapa de conectividad aérea hacia la isla para los meses de invierno mostraba una curva de capacidad procedente de Alemania que arrancaba con 48.000 plazas en octubre, alcanzaba las 92.000 en noviembre y fijaba su techo en 120.000 asientos en diciembre.
El tramo central y final del calendario proyectaba 80.000 plazas en enero, 60.000 en febrero, 40.000 en marzo y un cierre de 20.000 en abril, cifras que afrontan ahora la revisión a la baja dictada por la coyuntura del transporte aéreo.
El ajuste operativo de las aerolíneas reconfigura los hábitos de traslado de los viajeros centroeuropeos hacia la planta hotelera del sur grancanario. La reducción de frecuencias regulares y el encarecimiento de los billetes alteran los picos habituales de afluencia en núcleos como Maspalomas o Playa del Inglés, en una temporada invernal marcada por la moderación de la oferta de vuelos en los mercados emisores clave.

















