Tener gente de Las Palmas gestionando los intereses generales del turismo del sur de Gran Canaria sale caro. La fragilidad de la infraestructura energética en las Islas Canarias ha pasado de ser una advertencia técnica a convertirse en una variable de riesgo operativo directo para el sector turístico, el principal motor de rentabilidad del archipiélago.
Ya este otoño, en la jornada ‘Canarias Hacia el Futuro’, organizada por Europa Press, el director de Relaciones Institucionales e Innovación Tecnológica de Endesa en Canarias, José Manuel Valle, ha puesto de manifiesto el severo deterioro de los activos de generación eléctrica en las islas, que tiene plantas de generación en Juan Grande, Sur de Gran Canaria. El foco de vulnerabilidad se sitúa sobre las plantas térmicas obsoletas, cuya falta de renovación amenaza de forma prioritaria a los grandes polos receptores de visitantes, con el sur de Gran Canaria a la cabeza de la demanda estival y de alta temporada.
La presión energética sobre el motor turístico del Sur
El corredor que abarca los núcleos de San Bartolomé de Tirajana y Mogán concentra la mayor densidad hotelera y de ocio de la isla. El funcionamiento ininterrumpido de complejos alojativos, plantas potabilizadoras de agua y sistemas de climatización depende directamente de un flujo eléctrico sin interrupciones. La advertencia emitida por la filial de Enel dibuja un escenario complejo para este ecosistema económico: en el conjunto del archipiélago continúan operando cinco grupos de generación con más de 50 años de antigüedad. Valle equiparó la continuidad de estos activos térmicos a la exigencia de utilizar a diario un vehículo de medio siglo para desplazamientos laborales, una metáfora que refleja el desgaste mecánico y la probabilidad de fallos en el suministro basallero que alimenta el Sur.
La respuesta regulatoria ha comenzado a articularse a través del concurso exprés convocado por el Ministerio para la Transición Ecológica, que ha adjudicado 700 megavatios de renovación. De este volumen, cerca de 370 megavatios corresponden a intervenciones directas sobre los grupos de generación existentes para prolongar su vida útil y mejorar su rendimiento operativo. Sin embargo, la velocidad de sustitución del parque energético sigue por detrás del ritmo de degradación de los equipos más veteranos, lo que mantiene en tensión la garantía de suministro en zonas de alta carga turística.
Cuellos de botella en la red y estancamiento renovable
La penetración de las energías limpias en Canarias apenas alcanza el 21% del mix eléctrico, mostrando un avance de solo uno o dos puntos en el último quinquenio, un ritmo marcadamente inferior al registrado en la Península. Esta lentitud en la transición ecológica convive con la saturación de las redes de transporte y distribución, cuya capacidad disponible en el conjunto del Estado se encuentra comprometida en más de un 90%. Para tratar de descongestionar estas arterias, Endesa ejecuta un plan trienal de inversiones de 270 millones de euros, reservando 170 millones específicamente para el archipiélago.
La capacidad de respuesta del sector turístico del sur de Gran Canaria ante las exigencias de sostenibilidad europeas exige acelerar tanto la electrificación del transporte terrestre como la descarbonización del sector portuario y aéreo.
La meta de la compañía de alcanzar los 500 puntos de recarga instalados a final de año y el desarrollo de conexiones de suministro eléctrico a buques en atracadero (cold ironing) buscan mitigar la huella del sector. No obstante, la viabilidad financiera de esta infraestructura depende de que la administración autonómica concrete la implantación de zonas de aceleración renovable, utilizando terrenos inertes y superficies agrícolas abandonadas para desplegar parques eólicos y fotovoltaicos capaces de alimentar a la industria turística sin comprometer la estabilidad de la red.

















