Lunes, 05 de Enero de 2026
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GRAN CANARIAAlegría de los venezolanos del sur de Gran Canaria ante el fin de la dictadura de Maduro

Alegría de los venezolanos del sur de Gran Canaria ante el fin de la dictadura de Maduro

Gara Hernández - M24h Sábado, 03 de Enero de 2026

El reloj marcaba primeras horas de la mañana este sábado cuando en distintos puntos del sur de Gran Canaria, desde el muelle de Arinaga hasta los ambulatorios y centros logísticos de Maspalomas El Tablero, se respiraba un aire inusitado de esperanza. Para cientos de trabajadores venezolanos residentes en esta isla, así como para sus colegas —cuidadores, personal de almacén y logística— y para cientos de amistades canarias, la noticia que recorría las pantallas de los móviles en mensajes de WhatsApp y X no era una más: hablaba del fin de la dictadura en Venezuela.

 

La noticia, confirmada por agencias internacionales, confirmaba que el líder que durante más de una década ha gobernado el país caribeño había sido capturado en una operación militar, lo que muchos interpretaban como el fin de una etapa marcada por la crisis política, económica y el éxodo de millones de venezolanos.

 

En la cafetería de un polígono industrial cerca de Vecindario, un grupo de trabajadores —muchos de ellos con familias todavía en Caracas, Maracaibo o Valencia— celebraban entre cafés y bollos. “¡Por fin, pana! Después de tantos años de miedo y tristeza, esto nos da esperanza”, decía José, un técnico de almacén que llegó a Canarias huyendo de la hiperinflación. Otros asentían, algunos con la voz quebrada, recordando a amigos y familiares que no pudieron emigrar.

 

En los centros de cuidado domiciliario, donde numerosas cuidadoras venezolanas sostienen con su trabajo a familias vulnerables de la isla, el ambiente cambió radicalmente al recibir la noticia. “Llevo años esperando este día”, decía María, mientras ajustaba el camisón de un usuario mayor. “Mi hermano está en Caracas… no sé si estoy soñando, pero por primera vez siento que podré volver algún día”. Las lágrimas de emoción se mezclaban con sonrisas y llamadas telefónicas cruzadas con seres queridos.

 

En las tiendas, el sonido de los escáneres de códigos de barras parecía amplificar el murmullo de celebraciones. Muchos trabajadores, tanto venezolanos como canarios, se encontraban compartiendo titulares y enlaces de noticias en sus grupos de trabajo. La posibilidad de un cambio político profundo en Venezuela —y la promesa de que millones de exiliados podrían regresar a sus hogares— se sentía como una bocanada de aire fresco. “Nunca pensé que vería algo así en mi vida”, confió Luis, que reparte mercancías por toda la isla.

 

Pero entre los abrazos y los comentarios de júbilo también había reflexión: la caída de una dictadura no significa el fin de todos los problemas. “Sabemos que el camino será duro”, decía Ana, una cuidadora que apoya a una familia mayor sueca en Playa del Inglés. “Pero este es el primer paso para que nuestros hijos puedan soñar con un futuro mejor en su tierra”.

 

Mientras tanto, la noticia de la captura del líder venezolano ha sido celebrada por figuras políticas internacionales que hablan de “inicio de una nueva etapa democrática”, aunque también ha generado debate sobre los métodos empleados para lograrlo y las implicaciones internacionales.

 

En el sur de Gran Canaria, sin embargo, el clamor mayoritariamente era el de la alegría contenida y la esperanza compartida: la sensación de que, tras años de dolor y exilio forzado, podría abrirse una puerta para reconstruir no solo un país, sino los lazos familiares y culturales que durante tanto tiempo han estado tensos por la distancia.

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