En San Bartolomé de Tirajana existen 122 establecimientos de tabaco frente a solo 2 pescaderías y 9 carnicerías, un indicador que revela la especialización extrema del municipio hacia el consumo turístico inmediato y el ocio, en detrimento del equipamiento básico para el residente. ¿Se imagina alguien a un turista regresando a su casa en Manchester o Erfut con un pescado congelado? La demanda local se abastece con esos negocios que, en cierto modo, roza el monopolio técnico de dos operadores. Aunque hay supermercados que tienen pescadería pero no es lo mismo.
Si uno analiza la estructura comercial del motor económico de Canarias, llega a una conclusión fascinante: en San Bartolomé de Tirajana es infinitamente más fácil alimentar un vicio que preparar una cena saludable. El municipio se ha convertido en un ecosistema de servicios diseñado para la gratificación inmediata, donde el comercio al por menor domina el paisaje con 1.558 establecimientos. Lo verdaderamente curioso, casi digno de un estudio antropológico, es el desequilibrio en la oferta de alimentación. En un territorio que presume de ser un destino de "salud y bienestar", solo existen 2 pescaderías y 9 carnicerías en todo el tejido comercial.
Este desierto de producto fresco contrasta con una exuberancia de productos del fumador. El municipio cuenta con 122 locales destinados a labores del tabaco, lo que significa que hay 61 estancos por cada pescadería. El consumo se inclina hacia el ocio y la estética, con 330 establecimientos dedicados al textil y calzado y 131 a la perfumería y cosmética. Es la economía de la "vacación perpetua", donde el visitante puede renovar su armario o su fragancia en cada esquina, pero debe peregrinar para encontrar un filete de pescado fresco.
La oferta de ocio refuerza esta imagen de municipio-resort. San Bartolomé de Tirajana despliega una fuerza de choque hostelera de 436 restaurantes y la friolera de 638 cafés y bares. Sin embargo, la cultura convencional parece haber sido borrada del mapa por el sector servicios: la ficha técnica municipal registra un cero absoluto en locales de cine, pantallas o aforo. En el sur, el espectáculo es la calle, la terraza y el buffet, dejando las butacas y el séptimo arte para mejor ocasión o para otras latitudes.
Incluso la estructura alojativa revela una curiosa evolución del mercado. Aunque los 72 hoteles son el emblema del destino, la verdadera masa crítica está en los 353 alojamientos extrahoteleros y en las 90 agencias que gestionan la explotación de apartamentos privados. Todo ello está respaldado por un tejido empresarial donde el comercio, transporte y hostelería (2.284 empresas) actúan como un agujero negro que absorbe el talento profesional, dejando a la industria (84 empresas) y a la información y comunicaciones (94 empresas) en una posición meramente testimonial. El sur no fabrica objetos ni software; fabrica experiencias, cócteles y, sobre todo, muchas ventas de tabaco.














