Durante siglos, las cumbres de San Bartolomé de Tirajana albergaron una actividad esencial para la vida cotidiana y la economía rural del municipio: la producción de carbón vegetal mediante hoyas carboneras, un oficio duro y silencioso que hoy forma parte del patrimonio histórico y cultural de Tirajana
Las hoyas carboneras fueron el método tradicional utilizado en San Bartolomé de Tirajana para la elaboración de carbón vegetal. A diferencia de los hornos de obra, estas estructuras se realizaban directamente sobre el terreno, excavadas o acondicionadas en zonas protegidas del viento y próximas a las áreas de pinar. En ellas se llevaba a cabo un proceso de combustión lenta y controlada, limitando al máximo la entrada de oxígeno para lograr la carbonización de la madera sin que llegara a arder por completo.
La técnica exigía conocimiento y vigilancia constante. La madera se apilaba cuidadosamente, se cubría con tierra, ceniza y restos vegetales, y se mantenía la quema durante varios días o incluso semanas. El control de las bocas de aire era fundamental para regular la temperatura y asegurar un carbón de calidad, ligero y resistente, destinado principalmente al uso doméstico y artesanal.
La actividad carbonera estuvo presente en el municipio al menos desde el siglo XVIII y se mantuvo activa hasta bien entrado el siglo XX, prolongándose en algunas zonas hasta las décadas de 1950 y 1960. Su declive coincidió con la llegada de nuevas fuentes de energía como el gas y la electricidad, que fueron sustituyendo progresivamente al carbón vegetal.
El oficio del carbón era esencialmente familiar. Hombres, mujeres y jóvenes participaban en las distintas fases del proceso, desde la preparación de la hoya hasta la distribución del producto final. El trabajo era duro y exigente, condicionado por los ritmos del monte y las necesidades económicas de cada hogar.
Una vez finalizada la carbonización, el carbón se transportaba a pie, cargado en sacos o serones, desde las zonas altas hasta los núcleos habitados. Tunte, capital histórica del municipio, fue uno de los principales destinos de este carbón que descendía desde las cumbres. Estas largas caminatas, con el peso del carbón a la espalda, forman parte de la memoria oral de San Bartolomé de Tirajana y reflejan la dureza de la vida rural de la época.
Las hoyas carboneras se localizaban principalmente en los altos de Tirajana, en áreas de pinar canario. El pino era la madera más utilizada por su abundancia y alto poder calorífico, dentro de un aprovechamiento tradicional del monte basado en el conocimiento del entorno y el uso responsable de los recursos naturales.
Este pasado sigue presente hoy gracias a la Bajada del Carbonero, una celebración emblemática de Tunte que recrea simbólicamente el descenso de los carboneros desde la cumbre hasta el pueblo. Más allá del carácter festivo, este acto supone un homenaje a las generaciones que sostuvieron el municipio con su trabajo y una forma de preservar la identidad histórica de San Bartolomé de Tirajana.





