En los pabellones de Madrid, el sur de Gran Canaria no se presenta en FITUR 2026 como un destino en búsqueda de relato, sino como una industria madura que vuelve a ganar escala. Los datos mercantiles del alojamiento turístico en la provincia de Las Palmas —concentrados en San Bartolomé de Tirajana, Mogán y el eje Playa del Inglés–Maspalomas— revelan un rearme empresarial: subidas generalizadas de posición en los rankings nacionales, crecimiento de facturación y una base cada vez más amplia de operadores medianos que consolidan el negocio más allá de los grandes grupos.
El caso más visible es Relaxia Resorts, que supera los 40 millones de euros de facturación y escala más de 1.500 puestos a nivel nacional. No es un outlier: firmas como Cayest Turísticas (en la órbita de Servatur), Sweet Holidays o La Canaria Hotel Operation avanzan posiciones en ingresos un contexto donde la ocupación se ha normalizado en niveles pre-pandemia, pero el ingreso medio por habitación (ADR) sigue tensionado al alza por la inflación de costes y la limitada entrada de nueva planta. El listado de compañías que bajan posiciones —muchas de ellas ligadas a complejos antiguos, comunidades de propietarios o estructuras societarias rígidas— señala el coste de no haber renovado a tiempo. El mercado penaliza la obsolescencia más rápido que nunca.
El mapa empresarial que llega a FITUR dibuja una estructura menos concentrada y más resiliente. Decenas de sociedades —desde explotaciones de apartamentos en primera línea hasta aparthoteles reformados bajo el paraguas del PMM— mejoran ranking sin grandes anuncios, lo que indica crecimiento orgánico, apalancado en reposicionamiento, reformas parciales y una gestión más sofisticada del mix de mercados. Alemania y los países nórdicos siguen siendo ancla, pero el invierno 2025-26 confirma algo que en los stands se comenta en voz baja: el sur de Gran Canaria ha aprendido a vivir con menos volumen y más precio.
Sin embargo, FITUR también expone la fractura silenciosa del modelo. La brecha entre quienes han invertido en eficiencia energética, experiencia y marca, y quienes siguen compitiendo solo por precio, se ensancha.
Para el inversor que pasea por IFEMA esta semana, el mensaje es claro: el sur de Gran Canaria no está en venta barata, pero sí en transformación selectiva. Hay escala suficiente para operaciones corporativas, pero el verdadero valor se esconde en activos medianos bien ubicados, con margen de reposicionamiento y seguridad jurídica. Al mismo tiempo, el destino llega a FITUR con una advertencia implícita para la administración: sin agilidad urbanística y sin certezas regulatorias, el capital se vuelve táctico y defensivo.
FITUR 2026 no es, por tanto, un escaparate de promesas para el sur de Gran Canaria. Es un examen de madurez. Los números acompañan, las empresas resisten y algunas crecen con fuerza. La pregunta que flota entre reuniones es otra: si el marco público será capaz de ir al ritmo de una industria que ya ha decidido cómo quiere competir en la próxima década.














