Más de 13.000 canarios serán diagnosticados de cáncer a lo largo de este año 2026, una cifra que, más allá de su impacto epidemiológico, refleja la magnitud emocional, familiar y social de esta enfermedad. El cáncer no es solo una patología médica: es un proceso que transforma la vida de quien lo padece y la de su entorno más cercano.
Con motivo del Día Mundial del Cáncer, que se conmemora cada 4 de febrero, el lema de este año pone el foco en dos aspectos esenciales para la calidad asistencial: la humanización del proceso oncológico y la necesidad de una asistencia verdaderamente integral.
Un camino que no debería estar lleno de incertidumbre
Para muchos pacientes y familiares, enfrentarse a un diagnóstico de cáncer implica recorrer un camino complejo: múltiples pruebas, consultas con diferentes especialistas, tratamientos que se aplican en distintos centros e, incluso, informaciones contradictorias. Esta falta de integración y coherencia asistencial aumenta la ansiedad, dificulta la toma de decisiones y fragmenta el proceso de atención, en un momento vital que exige claridad, seguridad y acompañamiento.
Los pacientes oncológicos, lejos de ser espectadores pasivos, deben estar situados en el centro del proceso asistencial. Su autonomía debe garantizarse a través de una información veraz, comprensible y adaptada a sus necesidades personales, familiares o sociales. Decidir sobre los tratamientos no puede ser una carga solitaria ni una imposición: debe ser una elección acompañada por profesionales capaces de empatizar, informar y escuchar.
Una atención integral, no fragmentada
La asistencia oncológica integral es clave para ofrecer un abordaje completo del cáncer. Esto significa que los tratamientos médicos deben ir de la mano de otros servicios de soporte, como el apoyo psicológico, nutricional, odontológico o rehabilitador, todo ello en un mismo entorno hospitalario que evite desplazamientos y esperas innecesarias. La fragmentación asistencial es una barrera para el bienestar del paciente y puede comprometer la eficacia del tratamiento. Además, la implementación de programas de prevención y mitigación de efectos adversos de la quimioterapia, como la caída del cabello o la polineuropatía, debe ser considerada una prioridad dentro de un enfoque realmente humano y centrado en la calidad de vida del paciente.
Un modelo a seguir: el Centro Oncológico Integral Canario de Hospitales Universitarios San Roque es un referente en Canarias de esta atención integral y humanizada. Gracias a la labor multidisciplinar de su equipo profesional, los pacientes tienen acceso a un itinerario diagnóstico y terapéutico completo, con servicios centralizados que permiten ganar tiempo, confianza y confort. Entre sus líneas de actuación y tecnología destacan la braquiterapia o la radioterapia robótica, la radioterapia intraoperatoria, la inmunoterapia e hipertermia oncológica, los programas pioneros en Canarias para prevenir la caída del cabello y la polineuropatía derivada de la quimioterapia, entre muchos otros.
Todo ello sin perder de vista el valor más importante: la experiencia del paciente y su familia.
El papel protagonista lo tiene el paciente. Por ello, en este Día Mundial del Cáncer, el mensaje debe ser claro: los pacientes tienen derecho a entender, decidir y ser acompañados en todo momento.


















