El sur de Gran Canaria ha cimentado históricamente su éxito en dos pilares: un clima privilegiado y una estabilidad social envidiable. Los datos oficiales a febrero de 2026 confirman que el Índice de Producto, que se sitúa en 71 puntos. Aunque este valor supera ligeramente a Mallorca (67) y Tenerife (67), queda peligrosamente por debajo de los 79 puntos de Antalya.
Esta discrepancia sugiere que el cliente actual, especialmente en núcleos como Maspalomas o Playa del Inglés, ya no solo busca un entorno seguro, sino una oferta complementaria —ocio, gastronomía y experiencias— que esté a la altura de los precios actuales. La contracción del índice global es un síntoma de que la "moneda de la seguridad" ya no basta para comprar la lealtad del turista frente a la renovada oferta del Mediterráneo oriental.
El análisis de la capacidad aérea dibuja un panorama de crecimiento moderado pero estratégico para Gran Canaria. Con una previsión de aumento del 2,59% en asientos internacionales para el primer trimestre de 2026 y un 2,62% para el segundo, la isla apuesta por una "aceleración vertical" que prioriza la rentabilidad sobre el volumen masivo. El aeropuerto de Gran Canaria maneja volúmenes que superan el millón de plazas en el arranque del año, consolidando su posición como hub atlántico.
La comparativa con el Mediterráneo revela una vulnerabilidad estructural. Mientras el sur de Gran Canaria mantiene una oferta estable, Mallorca proyecta un salto exponencial de 2,01% en el primer trimestre a un masivo 7,68% en primavera, alcanzando casi 5 millones de asientos en el periodo abril-junio. Por su parte, Antalya muestra una agresividad comercial sin precedentes con un crecimiento del 27,41% en su capacidad inicial. Para el sur de la isla, el desafío no es solo atraer vuelos, sino gestionar el "desplome" previsto en mercados tradicionales como el alemán para el mes de abril, lo que obliga a redoblar esfuerzos en mercados emergentes y en la diversificación de la demanda.














